No siento nada al hacerlo contigo…
“La vejiga es el espejo del alma”. Este es un refrán chino muy ilustrativo de la manera en que nuestro cuerpo manifiesta lo que ocurre en la mente. Con frecuencia, las emociones que no podemos expresar mediante el habla, aparecen a través de la vejiga.
La sexualidad se vive principalmente en el cuerpo; muchas mujeres no pueden disfrutarla debido a bloqueos derivados de una educación negadora y represora. En otras ocasiones, este bloqueo deriva de una experiencia sexual desagradable. Y en otras más se suma el desconocimiento del lenguaje corporal, pues no hemos aprendido a disfrutar de nuestra sexualidad.
No es fácil saber que hay dificultades sexuales sino hasta el momento en que se tienen relaciones en las que el anhelado placer es sustituido por la dificultad, el dolor o la ausencia de sensaciones, es decir: cuando la relación no culmina en una descarga orgásmica.
Una de las causas más frecuentes de consulta médica es lo que se llama anorgasmia, que muchas veces se manifiesta con molestias vagas e imprecisas, y también con “dispareunia”, que es la relación sexual dolorosa.
¿Es curable la ausencia de orgasmo?
En un alto porcentaje de casos sí, cuando depende de la modificación de las ideas acerca del sexo y la sexualidad. En otras ocasiones depende de la posibilidad de vivir la sexualidad libremente, sin prejuicios ni culpas, con una entrega sin temor y con el entendimiento de la pareja.
Es bueno saber que un buen número de problemas sexuales de las mujeres se curan con una terapia espontánea. Aquí la pareja es fundamental, así como la confianza entre los dos para poder hablar libre y claramente de lo que ocurre.
Hay amigas que sienten vergüenza de “no sentir”, no excitarse, no tener orgasmo, y durante muchos años lo callan incluso frente a su pareja. Darle el rango de “problema a resolver” es un buen principio. No hay que darse por vencidas: si se puede hablar y plantear, si hay comprensión de la otra parte, tendremos una primera parte de ganancia.
El resto consiste en ayudarnos a conocer nuestro cuerpo, sin presiones ni exigencias, y en sentirnos libres para pedir a nuestra pareja que intente despertar ciertas zonas, o realizar alguna maniobra que hemos deseado o fantaseado, pero no nos atrevíamos a hablar.
Tomarse el tiempo suficiente para el juego previo al coito es fundamental. Se ha visto que dedicarle más de 10 minutos ayuda mucho a que la mayoría de las mujeres tenga un orgasmo.
Es importante recordar que ellos y nosotras tenemos ritmos y necesidades diferentes; las mujeres requerimos de mayor preparación, de más excitación y espera antes de la penetración.
Así pues, el apoyo y la ayuda entre los integrantes de una pareja es una condición indispensable para solucionar muchos de estos problemas. Pero no sólo eso: en una relación sexual cada uno debe hacerse cargo de su propia sexualidad, y no temer al fracaso.

