Liderazgos riesgosos, un ejemplo del Titanic
El 14 de abril de 1912, el famoso Titanic surcaba las frías aguas del Atlántico con rumbo a Norteamérica. Aquella noche oscura y tranquila, los pasajeros disfrutaban de una deliciosa cena, rodeados de lujo y esplendor. Mientras esto ocurría, en la sala de comunicaciones los operadores de la radio, Jack Phillips y Harold Bride, atentos a los mensajes de otros barcos, empezaron a recibir advertencias de peligro en la mar por la presencia de icebergs. Los marinos informaron de inmediato al experimentado capitán H. Smith y a los otros oficiales, pero éstos desestimaron los avisos, pues en opinión del dueño de la nave, el colosal Titanic no corría peligro alguno.
Sin embargo, algo terrible estaba a punto de suceder. Aproximadamente a las 11:.30 pm, el vigía F. Fleete dio la señal de alarma al oficial de guardia; un gigantesco iceberg golpeó el casco del barco, provocando un tajo descomunal en el costado de estribor. La pesadilla se consumó; el navío se hundió a las 2:20 am y, en unas cuantas horas, se perdieron más de mil 500 vidas.
Lo único que quedó del trasatlántico fueron algunos botes salvavidas que flotaban en las gélidas aguas, repletos de personas. Para el líder del Titanic, su historial brillante de liderazgo fue su peor enemigo. Fue un capitán confiado en el dominio de su trabajo y que actuó despreocupadamente. La moraleja trágica de esta historia es que el buque se fue a pique porque su líder cometió muchos errores:
* Se dejó cegar por su instinto.
* Confió demasiado en su experiencia pasada.
* Su orgullo se interpuso a su buen juicio.
* Confió excesivamente en la tecnología moderna.
* No conocía la nave tan bien como creía.
* Hizo caso omiso a las advertencias de dificultades.
* Dejó como encargados a sus subordinados en los momentos de crisis.
* Desconoció la naturaleza del entorno.
* Aceptó el consejo equivocado del dueño del barco.
Dirigir una empresa es como dirigir una nave; conlleva peligros, exige valoraciones y jucios acertados, pero es evidente que quien liderea no es la única persona que toma decisiones dentro de la organización. Los principales líderes del mundo aceptan que la clave de una gestión acertada no es solamente la información, sino la gente, los colaboradores. Se trata, aseguran, de contar con personas que tienen entusiasmo y que ponen toda la carne en el asador. No es preciso contar con una legión de ellos, con pocas personas es suficiente.
Para la gente experta formada al calor de los errores y de aprender de ellos, el liderazgo se construye sobre las fortalezas de la persona: un líder tiene cicatrices y no teme que la gente sepa qué siente; siempre espera lo mejor. Por ello, alcanzar las metas requiere de una comunicación vital y fluida, que se puede forjar con algunas claves como las siguientes:
Admito que me equivoqué.
Estoy muy orgullosa(o) de ustedes.
¿Cuál es su opinión?
Intentémoslo de nuevo.
Muchas gracias.
Nosotras y nosotros.
En el real liderazgo de una empresa, la palabra menos importante es YO. Comunicar con base en la retroalimentación y el reconocimiento de las otras opiniones, es lo más acertado que se puede hacer.
El ejemplo del Titanic demuestra que las empresas se parecen mucho a trasatlánticos que surcan el mar de los negocios. La persona líder es como el capitán del barco, cuya responsabilidad es cuidar a las personas que se encuentran a bordo, orientarlas y llevarlas a puerto seguro. Es una labor llena de peligros y escollos. Por eso, el liderazgo en las organizaciones debe responder rápidamente a los cambios y a las crisis externas e internas con el mayor desempeño, y deja en libertad el talento y el entusiasmo de quienes colaboran en el éxito de las actividades.
De ahí la importancia del trabajo en grupo. Pero hay que saber identificarlo. “Todos los equipos, alguna vez fueron un grupo, pero hay grupos que jamás serán un equipo”. Hay ciertas
DIFERENCIAS
Grupo Equipo
Se encuentra ahí por factores de azar Conciencia de su realidad y de cómo pueden afectarla
Tienen baja cohesión Sinergia
Pasividad o indiferencia Compromiso con otros
Búsqueda de ventajas personales Ambiente personal
Contribución al bien de otros
Hay que saber de qué lado se está, pues un grupo no es un equipo. Es como ir sentada en un avión: al que está detrás, al frente y a tu lado no les importa quién eres ni lo que haces, sólo que son compañeros circunstanciales de viaje.
Si tú eres una líder o trabajas con alguien que lo es, define tus prioridades y tus objetivos, encuentra aquellas características que te permitirán no ser del montón, y al mismo tiempo crecer con un verdadero trabajo en equipo.
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Basado en El ascenso. Un relato para aquellos que desean transformar sus organizaciones, de Orlando Clúa Martínez, Orlando Clúa de la Torre, y Carlos Clúa de la Torre. Editorial Norma.

