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Empresas familiares, ¿misión imposible?
Luis Buero

Ya lo escribió Shakespeare: aunque tu corazón esté roto en mil pedazos, el mundo no se detendrá a esperar que lo cures. Y cuando se trata de grupos de trabajo, los temas del corazón son generalmente impedimentos para que circule la energía y se cumpla la tarea.
Para colmo de males, hay emprendimientos en los cuales el corazón pertenece a dos mundos. Sí, así es. En los países del “patio de atrás”, entre los cuales estamos nosotros, un muy importante porcentaje de las pequeñas y medianas empresas son negocios de familia. Estos tienen una particularidad pues, entre sus escritorios, carpetas, comunicaciones y decisiones, se juegan vínculos afectivos fundamentales e insoslayables. ¿Qué tienen de bueno? Las ventajas de una EF (empresa familiar) son, sobre todo:
- La fe mutua que hay entre los miembros (aunque dicen que la confianza mata al hombre y embaraza a la mujer...)
- Hay una mayor labor participativa, con un alto compromiso por la función y los resultados.
- Al imponerse el vínculo familiar ante los ataques del contexto, suele ser muy efectiva la iniciativa filial de que “todos deben remar para el mismo lado”.
Ahora bien, tarde o temprano se presentan conflictos: crecer o morir. Entonces aparece la gran pregunta: ¿Lo primero es la familia o time is gold? Esta parece ser la disyuntiva diaria para aquellas sociedades comerciales cuando llega ese instante en el que sufren el continuo cuestionamiento de ser o no ser, atados por las crisis económicas y la sangre con la misma fuerza.
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