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Herencia cosida con hilos de oro
Jenny Housego
La artesanía de calidad no puede sobrevivir sin un marketing eficaz, según la autora, experta en telas y que ha establecido exitosos lazos comerciales con artesanos hindúes. Ella se pregunta cuándo desarrollarán estrategias de venta las organizaciones de ayuda. 
Bashir Ahmad Jaan dedicó dos años y medio a tejer samavar, exquisito chal de pashmina bordado con hilo de seda de 14 tonos diferentes. Su maestría, heredada de sus predecesores, se vio recompensada con el Premio Unesco de Artesanía. Compartió el galardón, de 5 mil dólares, con Kim Taeja (República de Corea), quien creó una pantalla plegable en seis paneles bordados en fino hilo de seda. Desde su creación, en 1990, este premio incita a que las artesanas y los artesanos empleen técnicas milenarias para elaborar diseños creativos y contemporáneos. En las ferias de artesanía del mundo entero, un jurado internacional premia los trabajos que tienen calidad artística y una salida comercial viable. La Unesco trabaja de manera conjunta con el Centro Internacional del Comercio en Ginebra para ayudar a los artesanos a vender sus productos, tanto a escala local como internacional. “Aunque el papel de la Unesco termina cuando se inicia la estrategia comercial, las actividades del programa de artesanía no hacen distinción entre el marketing y el arte”, señala Indrasen Vencatachellumo, jefe de la unidad de artesanía y diseño. “La pregunta básica para los artesanos es cómo vender los productos, porque a menudo la venta es su único ingreso”. Uno de los últimos proyectos, en abril de 2001, fue la inauguración de una muestra de artesanía cerca de Luang Prabang, en Laos. En un edificio rehabilitado se distribuye directamente a los clientes la producción artesanal de talleres de aldeas cercanas, lo que permite a las personas que se dedican a esas actividades recibir mayores ingresos pues venden sin intermediarios. Como historiadora del arte, siempre me han fascinado los retales pintados a mano y las telas estampadas medievales que se encontraron en las excavaciones de los vertederos de Fostat, en el viejo Cairo. Seguramente fueron fabricados en Gujarat, al oeste de India, y son la prueba del comercio floreciente que tuvo lugar con Egipto entre los siglos XIII y XIV. Hace algunos años, decidí comprobar si podía reproducir los diseños de esas telas antiguas con técnicas actuales. Conocí a Mohammad Bhai Siddiqui, un maestro estampador de Kutch, en Guajarat, experto en el tallado en madera de moldes de estampado, y le enseñé algunas ilustraciones de esos retales que ahora se exhiben en museos de todo el mundo. Se alegró mucho, dijo que nunca había visto moldes como ésos y que formaban parte de su tradición. Me prometió hacer todo lo posible. Mohammad Bhai cumplió su palabra.
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