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Tú, ¿qué esperas de un banco?
Marisol Vega
Después de leer aquí la experiencia de un banco surgido gracias a la confianza que una persona depositó en una amplia comunidad de mujeres en las que nadie había confiado nunca, me pregunto porqué hemos dejado estas prácticas entre nosotras, tan útiles y solidarias. Ahora veo por qué nos cuesta trabajo aceptar servicios bancarios que nos mantienen insatisfechas, confundidas y a veces hasta enojadas.
Me quedé con muchas preguntas, pues es cierto que las mujeres hacemos todo lo posible por pagar nuestras deudas religiosamente. Cuando, luego de una profunda evaluación, decidimos comprometemos con un grupo de deudoras para llegar todas a una meta de pago, no nos defraudarnos en esa promesa colectiva. ¿Por qué no guardo mi dinero en casa, debajo del colchón, en lugar de llevarlo al banco y depositarlo en una cuenta que no me da nada a cambio? ¿Por qué decido pedirle prestado a un banco en lugar de organizar una tanda con mis amigas? ¿Qué es lo que me resulta atractivo de un banco como para confiarle mi dinero, mis ahorros de muchos años, mis inversiones, aunque sean pequeñitas? ¿Por qué confío más en un banco o en una caja de ahorro o en una unión de crédito? ¿Qué es lo que me da confianza o desconfianza de un banco? Por momentos me cuesta trabajo responderme estas preguntas, porque no me gusta nada ir a sacar mi dinero y tener que estar media hora de pie en una fila. Tampoco me agrada pagar por hacer cheques o por usar mi tarjeta del cajero electrónico. Con frecuencia me enojo porque hay cobros que yo desconocía o no esperaba, o siento que el banco está tomando una decisión que yo no he tomado por mí misma. En fin, me suceden muchas cosas a diario que me dejan pensando en esto de confiar en un banco. Al mismo tiempo, en lugar de quedarme en estas molestias que sólo me dejan mal sabor de boca, me imaginé el banco de mis sueños, uno que me responda bien a lo que yo espero: • Que alguien me conteste el teléfono cuando llamo para consultar algo, y que me conozcan por ser alguien de la sucursal. Saber que soy una persona de carne y hueso, no un número más. • Que me resuelvan los problemas en esa pequeña sucursal que es en realidad Mi Banco. Que me expliquen lo que cuesta cada servicio y me den razones, para que pueda pagarlo con satisfacción y no con resignación.
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