2. Diciembre 2008

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La paralizante pereza

La Force

Amelia vivió una odisea en el momento de su jubilación. No sabemos si en otros países suceda lo mismo pero en México, y en la especie llamada burocracia, es en donde podemos ver modernas versiones de la Odisea en vivo y a todo color.

Lo primero para jubilarse es haber alcanzado la edad (60 años), saber el número de semanas cotizadas, y los honorarios devengados durante los últimos tres años. Con estos datos, el Seguro Social puede realizar un oscuro y tenebroso procedimiento, que ningún mortal alcanza a comprender, y por medio del cual se decide qué cantidad mensual quedará fijada, siendo ésta aumentada mínimamente cada año.

Amelia da el primer paso. Como es muy ordenada, tiene todos los documentos que avalan exactamente su número de cotizaciones. Se presenta y le aducen que está equivocada, que ellos (la burocracia) tienen un número muy inferior de dichas cotizaciones. La mujer que le recibe y rechaza los documentos, sentada cómodamente y almorzando su inseparable torta y vaso de atole, le lanza una mirada de indolencia, como diciendo “qué lata da ésta”, cuando Amelia se atreve a exigir que se revise su expediente a fondo pues no está conforme. Amelia insiste y aquélla le responde: “¿usted cree que tenemos tiempo para estar revisando expedientes de años tan atrás?” (textualmente).

Amelia enfurece y le recrimina: “Para eso está usted aquí, para eso le pagan, es su trabajo”, y aquella sin inmutarse dice: “¿mi traba...qué? Yo sólo estoy aquí para recibir documentos, si no está de acuerdo, diríjase a otra persona”. Pero se niega a decirle a qué persona.

Amelia, que tiene cierta presencia, pide una cita con el director y la logra, explica su problema y las cosas cambian. De inmediato se da la orden para revisar el expediente y 15 días después le telefonea el mismo director pidiéndole presentarse para entregarle una carta en donde se le reconocen todas sus cotizaciones.

Me pregunto, ¿es que hay que tener “cierta presencia” para que los zánganos se muevan?

Ya con la carta en mano, Amelia vuelve al primer paso: entregar los documentos en la clínica que le corresponde. Para su desgracia, días antes el país ha sufrido un temblor que, aunque no llegó a terremoto, dañó varios edificios; entre ellos está precisamente al que enviarían sus documentos para seguir el arduo proceso de la jubilación.

Desde temprano, Amelia se forma en la consabida fila de personas que deben esperar el término del almuerzo de los perezosos burócratas para ser atendidas. Y demoran eternidades con cada una.

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Faby

Pereza es después de hacer una proeza entre el transporte, el tráfico y la distancia para llegar a mi trabajo, cuando no tenemos tanto trabajo, mis compañeros se pasan horas en el Internet y en el chat, porque para la mayoría de los jefes es importante tenernos aplastados frente a nuestra computadora, donde la mayoría (cuando no tiene tanto trabajo) aparentamos tener mucho trabajo y qué flojera, que forma más tonta de desperdiciar nuestro tiempo, ¿cuánto aseotengo que hacer en casa?¿cuánto tengo que planchar? ¿cuánto disfrutaría de abrazar a mis amigas, a mis mascotas en lugar de estar aquí fingiendo que tengo tanto trabajo? afortunadamente existen sitios para la mujer como este y no puras páginas tontas como a las que entran mos compañeros


Lola

recientemente tramité una pensión por viudez.... todo lo que tiene que ver con gobierno es caro, lento y absurdo...


Damya

Afortunadamente soy emplada federal lo digo así porque Gracias a Dios tengo trabajo, y lo mejor de todo seguro ya que es de base, al igual que ustedes me molesta mucho que hay demasiadas personas como las aqui descritas, afortunadamente estoy en un area en la cual me mantiene ocupada, y como es servicio al público, lucho día a día por dar una sonrisa a cada persona que atiendo, la pereza al igual que la corrupción son un cancer que enferma a la sociedad. No me siento parte de ellos y espero que el pensamiento cambie para beneficio propio.


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