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Empresarias en mil frentes
Roxana Damián
Estar bien informadas acerca del mundo de los negocios y sus retos, es una prioridad para toda mujer emprendedora. Hoy te proporcionamos una panorámica de la circunstancia global que viven emprendedoras de dos países ligados por frontera e historia, aunque con realidades y culturas muy diferentes: Estados Unidos y México. * * *
Según la más reciente lista de la revista Forbes, entre las 500 personas más ricas del mundo sólo se cuentan 35 mujeres, una de ellas mexicana, María Asunción Aramburuzavala, vicepresidenta del Grupo Modelo, que elabora cerveza. Audaz, la mujer vendió parte de sus intereses para hacer otros socios y hoy controla casi la cuarta parte de Televisa, la mayor compañía de medios de comunicación en el país. ¿Por qué tan pocas, siendo tan emprendedoras? Entre las más seguras explicaciones está que las mujeres no compiten en igualdad de oportunidades, pues aunque declarativamente se habla de equidad, a la hora de diseñar programas de apoyo, ya el panorama no es tan igualitario. Algo central es que se olvida atender la especificidad de género, pequeño detalle. Es cierto que en los últimos 30 años ha aumentado el número de mujeres empresarias en México, tanto en el sector de comercio como en el de servicio, pero ha disminuido por lo que toca a manufacturas. A pesar de su creciente participación, todavía están muy relegadas: constituyen apenas el 1.7 por ciento de la población femenina económicamente activa (PEA), de acuerdo con un estudio elaborado por la socióloga María Guadalupe Serna.
Que la crisis nos pegó a todos, ni duda cabe. A principios de los años 70, las empresarias constituían 6.7 por ciento de la PEA. Luego vino un bajón en el que todo mundo perdió, y el porcentaje se redujo a lo que es hoy, aunque en los años 90 hubo un repunte y se registró un crecimiento de 112 por ciento en el ámbito empresarial femenino. Vale destacar que, siguiendo la tendencia mundial, la mayoría de los negocios femeninos son micro, lo que "los ha hecho más vulnerables a las crisis económicas". Si a eso se agrega –apunta Guadalupe Serna– que hay pocos programas gubernamentales de apoyo y se subestima la interdependencia entre la microempresa y el hogar de la emprendedora, pues se entiende el bajón.
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