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desmontando conflictos en la oficina
Carolina Nieto
Muchas de nuestras amigas nos piden orientación que les permita manejar de la mejor manera las relaciones en el trabajo: el trato con los compañeros, con subalternos, con superiores. En un era en el que la mayoría de las horas del día las pasamos fuera de casa, vale la pena invertir en analizar las relaciones humanas en la oficina. “Cuando mi jefe pierde el control y se enfada, puede decir algunas cosas que aparentemente no tienen gran significado y que parece que mañana se habrá olvidado todo esto, lo cierto es que mis compañeras y yo nos quedamos resentidas por mucho tiempo”, nos dice una lectora.
Las jarritos de Tlaquepaque Tanto en la vida personal como en el empleo, las personas difieren en su sensibilidad a los comentarios, críticas o acciones de otros, ya sean compañeros o jefes, así como en su capacidad para afrontar la tensión creada por una situación conflictiva o a la presión ante el trabajo de última hora. Como todo en la vida, el equilibrio es el mejor instrumento para no dar al traste con nuestra salud mental y física. Es bueno no ser hipersensible (pues nuestros sentimientos no se herirán tan fácilmente), pero también no es bueno ser insensible, pues seríamos incapaces de darnos cuenta de cómo afectamos a otras personas con nuestro comportamiento, o como nos afecta el proceder de otros. Episodio aislado de confrontación o falta de claridad en la comunicación dentro de la oficina pueden no afectar las relaciones interpersonales, pero el riesgo más real es que comiencen a generarse resentimientos, en especial si no se expresan. Aunque es una gran virtud no ofenderse fácilmente, o encontrar formas constructivas de disipar la tensión (por medio del ejercicio, música, lectura, conversación, entre otros), lo cierto es que no aporta nada positivo aparentar serenidad mientras que el enojo interno se intensifica al punto de explotar. Es más provechoso tratar los problemas a medida que van surgiendo.
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