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A qué le tiras...
Carolina Nieto
Andamos como en la canción de Chava Flores, a muchas se nos va la vida en puras intenciones: Voy a dejar de fumar; el lunes empiezo a hacer ejercicio; me pondré a dieta; buscaré empleo; dejaré ese amor que me hace tanto mal (como diría José Alfredo Jiménez)... ¿Cuántas cosas decimos que nunca llevamos a cabo? ¿Cuántas otras tardan meses y meses en suceder? Cuando dices: “quiero dejar de fumar” estás eligiendo una opción que cambiará lo que haces hoy; igual cuando decides que volverás a estudiar para terminar tu carrera. Hay declaraciones que cambiaron tu vida, como cuando dijiste: “me caso”, o “quiero tener un hijo”... O “no me caso”, “no quiero tener un hijo”. Cada vez que hablas sobre lo que quieres hacia el futuro estás declarando un camino posible y cerrando otros.
Pues este acto tan simple, “declarar algo”, es –dicho por expertos en lenguaje– uno de los actos más importantes para dirigir nuestra vida a propósitos firmes. Las declaraciones son actos que dan dirección y marcan reglas del juego para la vida. Míralas en tu vida cotidiana. Todas hacemos declaraciones en distintos ámbitos de nuestra vida: en la familia, con la pareja, en el trabajo, en nuestra carrera, en nuestra vida social o política, en el espacio espiritual. En ocasiones tenemos declaraciones para nosotras mismas que no conoce nadie más, y podemos comprometernos seriamente a hacerlas pasar, pero es más fácil que las dejemos en la bolsa del olvido, porque no afecta más que a nosotras mismas. En cambio, cuando haces una declaración públicamente, generas una serie de expectativas en quien te escucha, y de ahí en adelante estarás cuestionada sobre tu declaración. Si dices: “voy a dedicarme a la enseñanza”, quienes te escuchan estarán preguntándote lo típico: “¿cómo vas, ya empezaste a dar clases?”. Y a pesar de que te moleste si aún no has iniciado, ¡pues ni modo, chulita!, tú creaste la situación al declarar un futuro posible.
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