2. Diciembre 2008

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Nadie puede, sólo yo

Carolina Nieto

Vivimos en el agobio: saturación de compromisos, estrés por cumplir con todo, falta de tiempo, y aún así seguimos en el círculo vicioso porque queremos hacerlo todo. No hay persona responsable que en algún momento no se haya quejado así: “(Fulan@ seguramente no lo hará como yo, así que prefiero hacerlo yo misma”.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo delegar?

Delegar es confiar. Y cuando se hace en la persona adecuada, nos libera de angustias absurdas.
En ocasiones hay fundadas sospechas en los posibles resultados que traerá el que otra persona desarrolle una actividad delicada. Claro que en esos casos es útil ser desconfiada, pero en la mayoría de los casos ni siquiera hacemos una reflexión y prejuiciadamente decidimos no delegar, porque nos es más cómodo y seguro en ese momento, sin ver las consecuencias a futuro.

Delegar siempre es un riesgo, porque cada persona tiene su manera de hacer las cosas y no siempre coincide con la nuestra. Si la persona es competente y tiene experiencia, seguramente hará lo que crea más conveniente y es posible que los resultados sean distintos a los nuestros. Si, por el contrario, es alguien que está aprendiendo, se necesitará mucho más que sólo delegar, porque tendremos que enseñarle antes de que nos pueda entregar los resultados que pedimos.

En ambos casos, confiar toma tiempo. Es importante conocer lo que la otra persona hace, de lo que es capaz y su estilo de trabajo. Quizá la primera vez que pidamos algo no saldrá como queremos y tendremos que dedicar tiempo a enseñarle. Esto dependerá de nuestra capacidad comunicativa y de cómo mostrar exactamente lo que queremos, así como escuchar lo que la otra persona está percibiendo.

Cuando se trata de alguien que no es capaz, que no sabe cómo hacerlo, el fracaso se da porque no le enseñamos. Delegar siempre implica enseñar y dar tiempo al aprendizaje. Si no delegas porque piensas que la otra persona no podrá con el paquete, sólo lograrás que nunca pueda hacerlo, pues no desarrollará las habilidades necesarias. Aquí la prudencia es fundamental, porque delegar sin un buen juicio de confianza puede llevar a consecuencias graves.

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