Narcisismo ¿Normalidad o Patología?
Seguramente, a lo largo de la vida, te has encontrado con personas a las que solo les interesa hablar de sí mismas, de todo lo que han logrado, de lo maravillosos que son o que sólo ellos pueden hacer el trabajo, pues si lo hace otro no sale “perfecto”; o tal vez te has encontrado con personas que pasan por encima de los demás sin darse cuenta de que lo hicieron… Éstas son solo algunas características de una personalidad narcisista, pero no todo es patológico; el narcisismo forma parte del desarrollo normal de una persona.
Cuando nacemos, nuestros papás nos hacen sentir únicos, especiales, los más bonitos, los más inteligentes, y toda su atención está centrada en “su majestad el bebé” al cual se le cumplen todas sus peticiones en el momento y forma en que las solicita. El bebé vive en una fantasía de omnipotencia; por el hecho de desear las cosas, se le van a cumplir. Esto es importante para su sobrevivencia, pues toda su energía está puesta en sí mismo (narcisismo primario). Pero al transcurrir el tiempo, esta omnipotencia va a chocar con la realidad y el bebé se va a dar cuenta que no todo se le cumple de manera inmediata por el simple hecho de pensarlo; esto es, tiene que esperar a que mamá venga y satisfaga sus necesidades. En este periodo, es muy importante que la mamá o la figura sustituta sea constante y esté al pendiente afectivamente, ya que esto le dará seguridad al bebé y no se angustiará tanto cuando ella se tarde en responder a sus necesidades. El bebé se va a dar cuenta que hay un Otro (mamá) que le satisface sus requerimientos y colocará parte de su energía (que antes estaba puesta en sí mismo, como centro del universo) en la madre o en alguna otra figura significativa. Esta energía colocada en otra persona va a servir para que, posteriormente, pueda mantener relaciones interpersonales (narcisismo secundario) manteniendo siempre cierta cantidad de energía puesta en él.
Entonces, ¿El narcisismo primario es patológico? No necesariamente, el tener energía puesta en nosotros mismos nos permite tener conductas de autocuidado, como evitar enfermarnos, no tener muchos accidentes, la higiene y aliño, etcétera, y de autoestima, es decir, la valoración que tenemos de nosotros, la opinión y el sentimiento que cada uno tiene acerca de sí mismo y de sus actos, valores y conductas. Sin embargo, se convierte en algo patológico cuando una persona no da el siguiente paso, es decir, cuando no colocó parte de esa energía en el Otro. Esto provoca que esta persona tenga poca capacidad de empatía (ponerse en el lugar del otro), que se le dificulte relacionarse afectivamente con otra persona. Este tipo de personas van a ser superficiales, van a tener pocos objetivos a largo plazo, pues siguen buscando la gratificación inmediata.
¿A qué se debe que una persona sea narcisista? Cuando el bebé se da cuenta que no es omnipotente, se deprime y busca a ese objeto que, según él, “sí es omnipotente” y esa es la madre, entonces el bebé “comparte” esa omnipotencia con su mamá. Uno de los conflictos radica en que la mamá le satisface todas sus necesidades, no le da oportunidad de frustrarse (esto no significa que dejemos al bebé llorar media hora o dejar de hacerle caso, ya que así nos iríamos al otro extremo; hay que recordar que el punto medio es lo mejor). Si esto ocurre, el bebé va a seguir manteniendo esa fantasía omnipotente, sin embargo, como ya mencioné, la realidad se le va a imponer y el niño va a pasar de la omnipotencia a la fragilidad con mucha facilidad. Pero no hay que dejarle toda la responsabilidad a la mamá; a lo mejor fue una mamá dispuesta, constante, que medió bien la satisfacción y es el hijo el que percibe que no tuvo suficiente y por eso insiste tanto hasta obtener las cosas. La verdad es que no existen recetas para ser papás, cada uno hace lo mejor que puede y los síntomas son multifactoriales, esto es, se tienen que dar ciertas circunstancias (genética, medio ambiental, personal) para llegar a desencadenarlo.
A todos nos gusta sentirnos queridos, que nos digan lo especiales y únicos que somos, que nos digan qué bien nos vemos o lo inteligentes que somos. En las mujeres, el narcisismo se centra en nuestro cuerpo, en vernos bonitas, en estar bien arregladas, en ser agradables, incluso, en tener una bonita familia. En los hombres el narcisismo se centra en el logro de metas, en su capacidad, pero, ¿qué pasa con los hombres que les gusta cuidar de su apariencia física igual que nosotras? Por ser la “vanidad” algo ligado a lo femenino, se cree que estos hombres pueden ser homosexuales, sin embargo, esto no es así, el cuidar nuestra apariencia física nos habla de esa cantidad de energía que está depositada en nosotros mismos y nos hace cuidarnos; todos la tenemos aunque, tal vez, unos pongan más atención en la parte física y otros en la intelectual.
El narcisista está convencido de que su juventud, su belleza, su poder y riqueza son eternos y que por ello van a contar con un inagotable suministro de admiración y seguridad, por lo que tendrán que enfrentar los conflictos derivados del envejecimiento, de la enfermedad, de las limitaciones físicas y / o mentales, experiencias de pérdida y soledad.
Entonces, ¿Cuáles son los “contras” del narcisismo? Al creerse que son súper especiales (cayendo en la exageración), cuentan con un patrón general de grandiosidad, por lo que tienden a destacar sus cualidades, siempre buscan recibir halagos lo cual los hace ser dependientes, ya que su autoestima está basada en atributos, funciones, actividades; tienen ambiciones desmedidas, por lo que llegan a explotar sin piedad a los demás, es decir, buscan brillar con brillo ajeno; no tienen capacidad para enamorarse, ya que toda la energía está puesta en ellos mismos. Asimismo, tienen poca capacidad de empatía, necesitan ser admirados y esto lo consiguen juntándose con personas de gran belleza, con poder, con riqueza o con fama, como si ellos adquirieran esas cualidades por el hecho de estar con estas personas. La admiración de los otros reemplaza las funciones protectoras, autorreguladoras de autoestima y autoidealización, sienten una gran necesidad de ser amadas. El narcisista es una persona insegura y no se arriesga a hacer algo si el éxito no está garantizado. Habitualmente expresan envidia de los demás en sus relaciones interpersonales, tienden a idealizar a alguien de quien esperan tributo y suelen despreciar a quienes probablemente no los admitan. Son extremadamente sensibles al fracaso, a la crítica y la derrota, ya que esto hace que disminuya su autoestima.
En definitiva, el narcisismo es parte del desarrollo normal del ser humano, sin embargo, puede ser un trastorno o un rasgo de carácter. El narcisismo saludable es el que nos permite tener conductas de autocuidado, nos da suministros de autoestima y nos ayuda a establecer y mantener relaciones interpersonales afectivas y a largo plazo. Cuando el narcisismo forma parte de un trastorno o un rasgo de carácter, impide mantener relaciones interpersonales, ya que la persona tiene hay una exagerada centralización en sí misma, es decir, cuando se relaciona con alguien es para que le de reconocimiento o explotarlo. Es una persona pretenciosa, con poca empatía y siempre está preocupado por el éxito, pues espera el reconocimiento del Otro, lo que representa una fuente de suministro para su autoestima; necesita hacer las cosas perfectas. Sin embargo, hay una parte de la realidad que apoya el trastorno, esto es, la persona realmente tiene ciertas habilidades con que apoyarse, pero su sensación es de vacío, no se la creen, y esto hace que sientan que no llenan sus expectativas. Socialmente son muy hábiles, pueden ser simpáticos, con buen sentido del humor, pues necesitan el reconocimiento.
Si te miraste en este espejo y te viste reflejado, una terapia psicoanalítica te puede ayudar a conocerte mejor y mejorar tus relaciones interpersonales.
Psic. Eleonor Alejandra López Jauffred
Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM)
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