 
Cuando las cosas van funcionando bien y existe un sincero deseo de formar una familia estable, los proyectos parecen ideales, saturados de buena intención y éxito garantizado. En este artículo no hablaré de aquellas parejas para las que los fines utilitarios y egocéntricos son el principal motor de su unión; ellas están destinadas al fracaso. Lamentablemente, sus niñas y niños saldrán muy heridos, inestables emocionalmente, frustrados y agotados. Hablemos hoy de aquellas parejas en donde la falta de claridad en el qué hacer, en el cómo hacer y en el por qué hacer, manda al fracaso intentos verdaderamente sanos y sinceros de reconstruir la dicha, y agotan la esperanza de llegar a ser una familia estable. Revisemos algunos problemas básicos: - Cuando no hay comunicación sincera entre los padres acerca de lo que no les gusta o no les parece correcto del método de crianza del uno o de la otra sobre sus propios hijos y sobre los adoptados, el fracaso y las heridas emocionales se comienzan a cocinar. - Cuando los límites para unos hijos son rígidos y para los otros son holgados, igualmente se comienza a sembrar la injusticia, la incomodidad, la incomprensión y la falta de autoridad legítima.
- Cuando falsamente se privilegian la paternidad o la maternidad por encima de la relación de pareja, se comienza a desconfiar, a sembrar ira y resentimiento; los nuevos cónyuges pueden caer en la tentación de tomar venganzas. - Cuando no se solucionan los enojos en la pareja y se toma a los niños como depositarios y pagadores de sus frustraciones, el vínculo amoroso entre la familia sufre un fuerte bloqueo, con peligro serio de sucumbir. - Cuando un miembro de la pareja no le permite al otro ser padre o madre sustituta, es decir: ejercer autoridad legítima sobre la vida y la conducta de sus adoptados, se bloquea la auténtica convivencia como familia. - Cuando se toleran abusos de poder sobre los chicos a costa de no perder la compañía marital, se está sembrando para sí (por parte de los hijos propios) odio, desprecio y abuso a la larga.
- Cuando no se cumple lo que se promete; cuando se le finge amor a los hijos ajenos; cuando se les compara con su progenitor(a) ausente para menospreciar o ridiculizar; cuando se les evita a toda costa la felicidad y la tranquilidad en el nuevo hogar, y cuando los tutores se ponen a pelear con los hijos ajenos como niños(as) caprichosos en contra de un rival... se estará sembrando sobre tierra árida. - Cuando no hay disposición para el diálogo, la apertura y la comprensión de los sentires ajenos, ni se da tiempo para la convivencia que muestra quiénes somos y cómo nos sentimos como familia reconstruida, estaremos edificando no un hogar sino una hielera. La frialdad será la característica primordial del ambiente que privará ahí.

Como ves, es fundamental trabajar emocionalmente en las vidas y en el tipo de relaciones que establecen los miembros de una familia reconstruida. De no hacerlo, se estará provocando que esos niños(as) y jóvenes no crean en el amor, en la familia, en la posibilidad de reconocer errores y remediarlos, en las buenas intenciones... Y, finalmente, que no quieran formar una familia. |