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Criar a un inútil

Luis Buero

Que la mayoría de los hombres actuales somos una manga de inútiles para resolver situaciones cotidianas, es una verdad indiscutible.

Recién cuando en la madurez empezamos a vivir solos (un día después que nuestra esposa nos mandó de gira mundial para siempre), entramos de golpe a una cocina con ímpetus creativos y destapamos un lavarropa por primera vez, descubriendo que en el fondo anida una hélice, algo absurdo teniendo en cuenta que nunca levantará vuelo.

Por suerte en los supermercados venden pomitos, saquitos, polvitos y sobrecitos que, con un poco de agua caliente, nos brindan extrañas comidas con toda la gama de vitaminas y minerales necesarios para subsistir (en la Apolo 14 y en nuestro bulín de divorciados). Y por suerte en todo barrio habita un japonés que lava, plancha, cose y abre la puerta para ir a jugar.

Pero ¿quién nos enseñó a ser inservibles? Sin duda una gran mujer: mamá. Porque nuestra madre es parte de una idiosincrasia o un patrón cultural que nos enseñaba que “hogar” es un lugar de descanso, un refugio para los hombres, y un espacio de trabajo para las mujeres. La cultura no es más que un conjunto de valores, reglas, pautas de comportamiento, que inventan las sociedades como ideas de lo deseable.

Mi querida viejita, cuando era joven, sin darse cuenta me crió bajo cuatro paradigmas sociológicos:

1. El poder es una cuestión de carisma; no importa qué sabes hacer sino a quién conoces en la vida.

2. El rol del varón: ¿qué significa ayudar en la limpieza de la casa? Levantar los pies cuando una mujer pasa la aspiradora.

3. El hombre es sujeto de una necesidad fundamental: conquistar su máximo objetivo.

4. La mujer tiene una meta trascendental: conquistar al máximo sujeto.

Ahora bien, ¿por qué las mujeres se enamoran de los “inútiles”? Porque:

* Un insolvente, un bohemio perdido, un cultor del “alpedismo” (alcuetismo), les despierta el instinto materno y se mueren por acunarlo en todo momento.
* A lo mejor no sabe cambiar un cuerito de canilla, pero es el dueño de 0il Petrol Company de Texas.
* Donde pone el ojo le entra una basurita, pero es más lindo que George Clooney.
* Le hace colapsar la PC apenas la toca, pero con las mismas manos acaricia curvas femeninas con más oficio que un manosanta.
* El muchacho tiene cerebro de pulga, es peor que mosquito en verano, tiene menos simpatía que una tortuga... pero sus partes pudendas son comparables en tamaño con mamíferos de gran porte. Y aunque no sabe nada de inglés, cada vez que se desnuda escucha a las chicas murmurar: “oh, my God”...

En síntesis, todo vínculo nace de la interacción de dos necesidades. La del taradito es encontrar una brújula que lo saque del naufragio existencial en el que vive; la de ustedes es seguir criando un inútil que no les ponga en evidencia vuestros humanos miedos, falencias y debilidades.

 

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