 "¿Y si no puedo?"... "¿Y si hago un papelón?", se pregunta nuestro héroe en un instante dramático e imperceptible, mientras tembloroso se ajusta el nudo de la corbata antes de salir con ella. Para peor, la cultura no lo ayuda: a Batman, a McGyver, al mismísmo James Bond... ¡jamás les falló la tonada! Pasa que los hombres queremos ser el mesías en la vida de la joven en cuestión y abrir el mar de su existencia en dos, para que ella crea que hay "un antes y un después" de habernos conocido... en la cama, convirtiendo a la chica en una involuntaria jueza de espadachines y trapecistas. Así es que el homo eroticus se obliga a hacer un gol de media cancha y de taquito cada 15 minutos, razón por la cual manda todas las pelotas al corner y no se gana ni la Mercosur, vaya, ni una copa de leche. En síntesis, querida lectora, le doy estos consejos útiles: * Nunca acepte intimar con él en la primera salida, sobre todo si lo nota tartamudear y lo ve invadido por un sudor frío y la mirada propia de un paracaidista con ataque de vértigo. * Si van a cenar a un lugar romántico, aproveche la distracción del varón para agregarle vino o licor a su vaso, a fin de que una bebida espirituosa lo libere de temores y ansiedades. Eso sí, sea moderada, porque si se excede con la receta sólo le va a desinhibir su tendencia a roncar con silbatinas, o se va a poner a cantar Aída parado sobre la mesa. * En la noche de bodas jamás se le ocurra contarle que su novio anterior fue un incomparable stripper negro que hacía horas extras en películas condicionadas. Tampoco, para parecer culta, se refiera a historias de abejas reinas que devoran al macho zángano durante el acto sexual.
* Si lo invita a escuchar los conciertos domingueros en su parroquia, evite frases como "lo importante no es el órgano sino el organista", que pueden ser tergiversadas. Si en el lecho ve que ni dos tabletas de viagra le hacen efecto al individuo, no lo atosigue con frases de maga y prestidigitadora como: "¿nada por aquí... nada por allá?". * Si el chico no la impresiona en lo más mínimo, tampoco lo deprima con "qué bueno que tienes otros talentos", o "¿y si mejor pasamos directamente a los cigarrillos?". Y jamás, jamás dispare un "a lo mejor se ve más grande con luz natural". * El hombre de hoy es como un retoño debilucho que nunca abandona la infancia y al que hay que regar con elogios para que crezca un poco (al menos los centímetros imprescindibles por ese rato). Cuando se desnude, usted mírelo y diga disimulando asombro: "¡oh my God!". Lo tendrá atado a la correa de su narcisimo dependiente por toda la eternidad. 
luisbuero@tutopia.com |