 El rol de género se refiere al aprendizaje y desempeño de las características de comportamiento socialmente aceptado para un sexo determinado. Desde luego debemos aceptar que existen diferencias anatómicas, fisiológicas, hormonales y cromosómicas entre hombres y mujeres, sin embargo no debemos creer o confundir que estas diferencias son las generadoras de las diferencias en el comportamiento, en realidad la construcción del rol de género es una construcción social que deliberadamente diferencia lo masculino de lo femenino. La construcción del rol de género se desarrolla poco a poco desde que el bebe nace, desde la cuna empieza a recibir mensajes diferentes si es niño o niña, el solo hecho de vestirlo de azul o rosa, y desde luego el trato más tierno para las niñas, entre otras tantas cosas. Alrededor de los 2 años de edad se inicia el proceso de separación-individuación, el o la niñ@ logra separarse física y emocionalmente de su madre y adquiere el concepto de individuo separado de los demás, por lo que se muestra una incipiente identificación con el padre del mismo sexo y una identificación con su rol, a esto se le suma el hecho de que ambos padres enfatizan la diferencia entre la elección de juegos, juguetes, ropas, tareas, etc. Los niños empiezan a aprender patrones como ser más fuertes, aguantar todo, no mostrarse débiles, ni mostrar sus sentimientos, tienen juegos más rudos y arrebatados, etc., etc. Las niñas en cambio repiten patrones como ser más expresivas en sus sentimientos, cuidar de los demás, ser más dóciles y frágiles, etc., etc.. Niños y niñas van incorporando estos comportamientos a su identidad. Al terminar la etapa de separación-individuación, aproximadamente a los 4 años, ya existe una identidad de género, el niño o la niña elegirán aquel modelo que se aproxime más a la propia percepción de sí mismo, es decir que las niñas imitarán más las conductas de su madre y los niño la del padre. Como podemos ver la construcción social dicotómica de lo masculino y lo femenino marca estereotipos rígidos, condiciona los roles sexuales y limita las potencialidades humanas de los individuos como tales, trayendo consigo de manera inherente la desigualdad social. Es importante mencionar que esta situación tiene un origen histórico que surgió a partir de las tareas que por naturaleza realizaban los hombres y las mujeres, a saber, las mujeres son las que tienen a los hijos y por lo tanto los cuidan, consecuentemente lo domestico también se hizo femenino, por su parte los hombres al no ser quienes tienen los hijos se dedican a la vida publica, lo masculino entonces es practico.  De alguna forma la delimitación de estas tareas tiene lógica, pero esto no quiere decir que uno o ambos sexos limite su SER, su condición y su comportamiento por esta definición histórica, la propuesta tiene su sentido, si, pero esto no significa que ni unos ni otras no tengan una infinidad de capacidades a desarrollar, hoy en día se puede ver como las madres pueden también ser muy capaces en la vida laboral y los padres pueden ser excelentes cuidadores de los hijos. Para romper con esta postura el concepto de equidad de genero propone que los individuos, todos, podrían comportarse de manera tanto masculina como femenina, afirmativa y flexible, practica y expresiva, dependiendo de cada situación y cada necesidad. Quienes se permiten trascender los roles de género asignados socialmente, perciben, sienten, piensan y actúan con mayor libertad. La independencia de estos roles no significa necesariamente la desaparición de dicho esquema, sino la adaptación de ellos de acuerdo a cada persona para lograr la armonía desarrollando su propio esquema. La equidad de género entonces, pretende llevar a la practica una educación libre de sexismo, es decir, una educación para personas. Toma en cuenta las diferencias biológicas pero busca que cada sexo tenga las mismas oportunidades. |