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¿Sabes si padeces vaginismo?

Psic. Alma Aldana

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El vaginismo es un síndrome que se caracteriza por la contractura involuntaria, de manera recurrente o persistente, de los músculos perineales del tercio externo de la vagina en el momento en que se intenta alguna penetración; el introito vaginal se cierra inmediatamente y con mucha fuerza.

Debido a ello, cualquier objeto, como tapones para la menstruación, espéculos, juguetes sexuales, o dedos y pene, resultan muy molestos al intentar su introducción.

Esta contractura hace que la mujer que lo padece se sienta muy incomoda debido a la molestia física, psicológica y anímica. Si hay insistencia de algún tipo de penetración el padecimiento suele ser mayor y se puede conducir a un daño psicológico.

Una mujer con vaginismo es aquella que no ha conformado su psicoerotismo pre púber, púber y post púber, por lo cual teme y se resiste a la penetración masculina. Es una mujer temerosa a la sexualidad y posee una vagina que, como si fuera un órgano independiente y autónomo, se dice que “tiene miedo”.

Se cierra fuerte e involuntariamente la entrada mediante los músculos mencionados. Son mujeres que por lo general no conocen su cuerpo ni sus genitales y sienten que no tienen ningún control consciente sobre su vagina.

Este fenómeno afecta directamente a muchas parejas, quienes antes de entender el problema y tratarlo adecuadamente, optan por la separación. Las estadísticas se desconocen hasta ahora, por lo que los casos de mujeres que padecen el problema no se registran, y por consiguiente no se aplican las terapias realmente requeridas.

Hay parejas que aun con síntomas de vaginismo conservan su vida marital y llegan a vivir muchos años sin relaciones sexuales y sin que ello les cause problemas. Esto independientemente del estado civil, edad, economía o escolaridad.

Pero la mayoría de las parejas que padecen esta disfunción se separan a los primeros intentos fallidos de contacto sexual y las que continúan su relación esperan rehacer su vida sexual mediante tratamientos y terapias.

Por el tipo de problema se considera a la mujer como la “causante” y culpable abiertamente de la alteración o inexistencia de relaciones sexuales; esto es independiente de su orientación sexual, ya que no sólo las mujeres heterosexuales lo llegan a tener.

El vaginismo es un síndrome que afecta la vida de las parejas y tiene que afrontarse por los dos miembros. En algunos casos es causa de infertilidad y el problema no se trata abiertamente debido al sentimiento de culpabilidad, desconocimiento y confusión por falta de información.

Causas orgánicas

Cualquier patología de los órganos pélvicos que haga dolorosa la penetración vaginal y perturbe el acto sexual, puede constituir la base para que se establezca una respuesta de vaginismo.

Entre los factores físicos que producen el vaginismo más comúnmente citados en la literatura médica están: himen rígido, endometriosis, enfermedad pélvica inflamatoria, atrofia senil de la vagina por falta de estrógenos y de hormonas sustitutas en la menopausia y después de ella, relajación de los ligamentos uterinos, tumores pélvicos, patologías obstétricas como partos distócicos, estenosis de la vagina, caruncular uretral, hemorroides o infecciones, entre otras.

En algunas de estas causas no se involucra directamente al introito vaginal, sin embargo pueden causar dolor durante la relación sexual y producir reacciones de rechazo a la penetración, con lo cual se puede dar un acondicionamiento negativo y producirse la contractura muscular involuntaria o vaginismo.

Causas psicológicas

El espasmo involuntario o vaginismo es una respuesta condicionada por la asociación de estímulos aversivos: dolor, temor, prejuicios del primer coito por pérdida frustrante de la virginidad, creencia de que los genitales son de dimensiones menores que el común y los pueden lastimar. Particularmente, también se piensa que si se es penetrada se tocarán zonas íntimas y la mujer será lastimada amorosa y afectivamente.

En la mayoría de las mujeres que padecen vaginismo las causas psicológicas son multifactoriales, y van de la falta de información, temores profundos, fobias, desconocimiento de su cuerpo externo e interno, mitos y prejuicios.

Se cree falsamente que los genitales femeninos son desagradables debido a su aroma y se piensa que no le pertenecen del todo a la mujer. Hay un gran desconocimiento de la respuesta sexual humana y del cuerpo de la otra persona, e incluso fantasías desagradables respecto de la penetración. Todo ello puede convertirse en estímulos aversivos.

En la terapia sexual es importante trabajar con técnicas específicas para eliminar la contractura involuntaria. Para ello se tratan y estudian los olones de la identidad antes que trabajar con los olones de vinculo, reproducción y erotismo.

La autoestima, confianza en sí mismas y en los demás, se tienen que trabajar de manera muy importante. Generalmente la persona con vaginismo tiene otros problemas y temores fóbicos, como al agua, las alturas, etc., que hay que trabajar simultáneamente.

La sociedad propicia muchas veces hacer sentir a las mujeres que tienen una estructura frágil, que sus genitales son aún más frágiles y pequeños y que no son elásticos ni se adaptan a las dimensiones del pene aun con el deseo.

En el acto de penetración el deseo fluye y dedos, pene o dildo tienen actividad y la mujer excitada se abre al gozo sexual; pero en otros casos se le hace sentir que debe tener una actitud pasiva y espera la penetración en un estado de inmovilidad.

En determinados casos el vaginismo no afecta la respuesta sexual humana ni el deseo, excitación, orgasmo o eyaculación femeninas, y en otros sí altera gravemente llegando a trastocar algunas de esas fases, o todas.

Debido a ese problema, la pareja, el compañero o esposo que se ve afectado, puede sentir que no es deseado y experimenta el sentimiento de rechazo, percibe que no es amado o que no es el mejor de los amantes, pues por lo general en la luna de miel o en el primer encuentro sexual no se hacen preámbulos ni detalles eróticos. Por lo general existe nerviosismo de los dos y se intenta la penetración sin ninguna preparación o conversación previa. No hay juego erótico ni se dedican a disminuir el estrés o el miedo. Se debe hacer confianza y explorar los cuerpos, las sensaciones, y poco a poco llegar al contacto sexual con conocimiento de genitales y sensaciones.

La causa

Las causas del vaginismo o de este síndrome pueden ser varias, y entre los factores psicológicos están las experiencias traumáticas en la infancia, ya sea por abuso sexual, violación, mitos y prejuicios familiares, sociales o religiosos, inculcados por la cultura tradicionalista.

Llamamos vaginismo primario al que siempre ha estado presente, muchas veces sin el conocimiento de la persona hasta que se descubre en algún examen ginecológico o en un intento de penetración sexual. Generalmente las mujeres con vaginismo primario no lo saben porque no han intentado en la mayoría de los casos ninguna autoexploración o autoestimulación y mucho menos una penetración.

La mayoría de las mujeres con vaginismo viven en un ambiente familiar y la sociedad con tantos prejuicios crea en ellas el guión de género tan rígido donde lo más importante es complacer a los hombres y hacerles sentir el amor y su comprobación por la vía sexual y se hace todo lo que ellos les solicitan. Eso es lo esperado por la sociedad, la familia y la institución religiosa. Se hace sentir a la mujer dependiente sexualmente y entonces así es “la buena”, la que ayuda a todos y sirve al placer de los demás. Su cuerpo en lugar de ser sexuado es asexuado y se cree que es para lucirlo y arreglarse para los otros, como un objeto y no como sujeto. Se tiene el valor de la virginidad como máximo en una mujer y el de la entrega con amor como un complementario, soslayando el erotismo y el deseo.

El diagnóstico se hace con base en la descripción de la paciente y de su primer encuentro sexual, donde relata el fracaso del coito. Generalmente suelen manifestar algún tipo de vaginismo debido a la tensión, pues en muchos casos no se prepara el momento ni el lugar y se carece de información básica, y por lo tanto los cuerpos no se hallan relajados. Esto se considera como un vaginismo circunstancial.

El vaginismo se presentará todas las veces que se intente la penetración, ya sea con un dedo propio o de la pareja. Frecuentemente el solo tacto de los genitales externos provoca reacciones de malestar, o en la exploración para constatar la palpitación del rafé perineal en el introito, se revela contracción intensa del músculo pubocoxígeo y la imposibilidad de la paciente para relajar esta zona.

La mujer reconoce que sus músculos están contraídos y en muchas ocasiones el vaginismo se acompaña de dolor y con la contracción no es posible la iniciación sexual ni hacer ninguna exploración genital. Es importante enviarla a psicoterapia sexual.

Cuando los médicos quieren recurrir a la cirugía para solucionar el problema de vaginismo, si es que es diagnosticado como efecto de alguna organicidad, se considera otra agresión al cuerpo y a la genitalidad de la mujer.

Ello no soluciona la contractura muscular pues el problema es psicológico y hay que trabajar en psicoterapia sexual con técnicas de sensibilización para eliminar la tensión y al mismo tiempo trabajar con las fobias y miedos.

Es fundamental atender los aspectos psicológicos y describir la forma en la que se llevará a cabo el caso, ya que la terapia es a corto o largo plazo para así evitar deserciones de pacientes. Las mujeres que llegan al consultorio con esta disfunción sexual y lo trabajan adecuadamente, tienen un resultado exitoso, siempre y cuando no abandonen la terapia. Se trabajan estos puntos con ella y posteriormente con la pareja.

 

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