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El costo de la belleza

Martha Alicia Baca

No hace muchos años, en 1986, Enrique Serna ganó el Premio Novela de Ciudad del Carmen (México) con la novela El ocaso de la primera dama, que más adelante reeditó Plaza y Valdés como Señorita México. Hasta ahora no hemos encontrado reflexión más inteligente sobre el fenómeno de los concursos de belleza. La narración ayudaba a revisar el tremendo contraste que existe entre el desmesurado tratamiento del ego de estas muchachas durante los años de su florecimiento, y el olvido en el que caían más adelante, luego de seguir una ruta de iniquidades y vejaciones.

Años después aparece una serie de notas periodísticas que invitan a un nuevo análisis: el de la aceleración de las humillaciones, muchas producidas a escasos meses de la premiación, de alguna forma provocadas por la mentalidad de talk show que parece conformar el inconsciente colectivo de las nuevas generaciones de periodistas de espectáculos.

Y es que nadie advierte a estas jóvenes lo que tan bien reflexionó sor Juana refiriéndose al "engaño colorido" de la belleza física, que invariablemente habrá de terminar en polvo y en nada.

APARTE DE QUE

* serán objeto de los mercaderes que constituyen la moderna versión del traficante de esclavas en la vía pública romana;

* más pronto de lo que se imaginan serán olvidadas o sometidas a la eterna obligación de conformar (de por vida) a machines poderosos, para sostener un estatus adquirido en forma artificial y repentina, y seguir siendo las proveedoras de esperanza de una familia mediana;

* pronto entenderán que su ilusión de verse \\\'bien casadas\\\', en el mejor de los casos habrá de convertirse en un matrimonio con alguien suficientemente adinerado como para exigirles aguantar más que el todo que exige cualquier macho universal, y

* su mirada nunca volverá a ser la misma que el día de su premiación…

TENDRÁN que lidiar -al menos durante el tiempo que brille la estrella de su victoria- con imprudentes paparazzis, que las convierten en carne de cañón.

Te damos este botón de muestra:

Alicia Machado (ganadora del título 1996) fue víctima de dos escándalos, que en el caso de cualquier otro ciudadano no habrían significado gran cosa. El primero constituyó una acusación, con litigio y todo, ¡por haber engordado durante los meses contiguos a su distinción! El segundo, un supuesto vínculo de complicidad con un familiar que atosigó a tal grado a su mujer que ésta terminó por suicidarse, precipitándose al abismo de la desesperación desde una ventana de un quinto piso. En ambos casos, Alicia finalmente fue declarada inocente. Pero, claro, la melladura no se la quitó nadie.

Todavía tiempo después, la noticia recordada no es la sentencia a favor de Machado, sino su afición por los chocolates... y una declaración dada en una de las primeras entrevistas de su \\\'reinado\\\', y sin prevenir la manera como se suelen usar las palabras en el género:

"Voy a hacer algo que no pude hacer durante tres semanas:
comer, comer, comer y dormir".

Un caso en el que, de manera conmovedora, una damnificada de los \\\'informadores\\\' se defendió con inusitado ingenio es el de Juliana Dornelles Borges, joven de 22 años elegida Miss Brasil 2001, quien admitió haberse sometido a 19 operaciones de cirugía plástica.

(La prensa local optó por referirse a ella como la reina del silicón, después de que se impuso a otras 26 candidatas... que en su mayoría también apelaron a la magia del bisturí para presentarse en la mejor forma ante el jurado.)

A quienes nos preguntamos: ¿qué necesidad tienen las jóvenes brasileñas de someterse a tales procesos de ingeniería? ¿Qué caso tiene premiar la belleza adquirida en forma artificial?, Juliana Dornelles nos tapó la boca:

1. No sólo admitió que pasó por el quirófano: "No creo me haya hecho tantas intervenciones como dicen. El doctor calcula así: \\\'puse silicón en el seno izquierdo y en el derecho, son dos cirugías; lipoaspiré la cintura del lado derecho y del lado izquierdo, son otras dos\\\'. Para mí, ponerme silicón en los senos es sólo una operación. Lo mismo con la liposucción".

2. Evidenció la ignorancia de quienes nos dedicamos a comentarlo, pues rechazó que la llamen antinatural y que se critique a quienes se operan y luego ganan concursos de belleza: "¿Antinatural? La humanidad inventó la tecnología para que todos la usen. ¿Es natural estar en Brasil y conversar a través del celular con un amigo que vive en Japón? No, pero nadie lo cuestiona. ¿Sólo porque soy Miss no puedo usufructuar los avances científicos? La cirugía plástica me sirve como perfeccionamiento. ¿Qué los médicos, abogados y periodistas no asisten a cursos de especialización? Para su información, las misses se hacen cirugías plásticas…"

Y aunque estas declaraciones con la claridad de una flema británica nos dejan absortas, no por ello dejan de preocupar casos como el de Miss Francia, Elodie Gossiun, que resultó simplemente sospechosa de haber sido un hombre sometido a una operación, pues no sería disparatado esperar que en unos años las organizaciones de este tipo de certámenes deberán realizar pruebas de \\\'femineidad\\\', tal como se llevan a cabo las pruebas de anti-doping en los Juegos Olímpicos.

Seguimos creyendo que más urgente será revisar la calidad moral de los paparazzis del espectáculo, pues las pobres Misses, de todas formas, terminan siempre olvidadas y desprotegidas.

 

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