 Honestamente, estas son unas cifras alarmantes, y hago hincapié en que son “estimaciones”, porque al menos yo, así como cientos de personas en mi entorno, no estamos siendo consideradas dentro de estas estadísticas (aunque yo en particular no cuente con sobrepeso). Esta enfermedad (porque en efecto, ya se está hablando de la obesidad como una enfermedad crónica en si misma, y no como un estado metabólico en el que el sujeto obeso está predispuesto a toda una serie de enfermedades crónico-degenerativas), desde mi muy personal punto de vista, es un problema mucho más serio de lo que se tiene contemplado a forma de estadística epidemiológica, sobretodo teniendo en cuenta que éste es un fenómeno complejo que implica tratamiento en varios sentidos, y que debe ser apoyado multidisciplinariamente: el médico que debe estar continuamente valorando la condición del paciente, el nutriólogo que maneje el aspecto nutricional y de cambio de hábitos alimentarios, el entrenador deportivo o especialista en actividad física que supervise el adecuado seguimiento de alguna rutina cotidiana, y finalmente, un especialista en el área de la psicología cuando el tratamiento así lo requiera. Siempre he tenido una postura positiva ante el actual problema del sobrepeso-obesidad en nuestro país, haciendo especial hincapié en que uno de los principales retos que he enfrentado a lo largo de mi carrera profesional ha sido infundir buenos hábitos de alimentación y de estilo de vida en pacientes de todas las edades, sabiendo que eso les ha permitido tener recursos y conocimientos suficientes para enfrentar la gran masa de anuncios publicitarios que tanto influyen en la mala alimentación de miles de personas. Sin embargo, en este caso, tanto la frustración como la impotencia se han adueñado de mí como especialista en el área de la salud… Desgraciadamente, realmente parece que nadie puede hacer nada al respecto… Ni el gobierno, ni la comunidad médica, ni los nutriólogos, ni los entrenadores deportivos estamos logrando hacer algo al respecto para mejorar esas estadísticas. Pareciera que muy por el contrario, esos números van en franco ascenso. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Para la comunidad en materia de salud pública está MUY CLARO cuáles son los múltiples factores asociados a este fenómeno: la nueva y alta tecnología ha llevado a un nivel de actividad física prácticamente nulo en la vida de millones de personas “gracias” a la computación y los controles remotos, así como a una ingesta exagerada de calorías a través de productos altamente industrializados. También es preciso considerar el elevado consumo de refrescos y la falta de frutas y verduras en la alimentación de centenares de familias mexicanas, así como otros factores de índole socio-económico (inserción de la mujer en el mercado laboral así como de distribución de los alimentos). Todo esto, de forma muy sencilla pero en realidad muy compleja de resolver, se interpreta como “Malos hábitos de alimentación y de estilo de vida”. Si toda esta problemática se limitara a la población adulta, el problema no sería tan grave, pero desgraciadamente, la obesidad está yendo en aumento progresivo en nuestros niños, lo cual hace de esta enfermedad un foco rojo de atención para las futuras generaciones de mexicanos y su estado de salud. Por otro lado, corregir la obesidad infantil implica un cambio radical en los hábitos de alimentación y de estilo de vida no solo del niño, sino de la familia entera, situación que hace mucho más compleja la solución. ¿Existe alguna solución? Mucho de la prevalencia de esta problemática está fundamentada en la esperanza de adquirir algún producto o fármaco mágico y sin consecuencias para resolver el problema de la obesidad como puede curarse un dolor de cabeza o una infección bacteriana, pero desgraciadamente, ese producto mágico y maravilloso todavía no existe (la misma sociedad médica está ansiosa de encontrar una “cura” para esta epidemia). La única solución radica (como tantas veces se ha tratado de hacer entender a la población) en lograr un equilibrio entre lo que se come y lo que se gasta a través de la actividad física diaria, y esto se traduce en 2 conceptos: dieta equilibrada y ejercicio cotidiano. Si se desea comer en abundancia es necesario dedicar varias horas diarias a algún tipo de ejercicio. Si no se puede hacer ejercicio, es necesario moderar lo que se come.
Una solución a futuro implicaría más bien la prevención de nuevos casos de obesidad así como de futuras generaciones de niños obesos. Esto podría lograrse al tener en cuenta que, tanto la obesidad materna durante el embarazo, así como la desnutrición materna (tanto pre-embarazo como durante el embarazo) muy probablemente va a llevar a la obesidad a ese nuevo pequeño(a), y aquí es importante aclarar que puede haber un estado de desnutrición en una madre obesa. Como podrás darte cuenta, las mujeres tenemos un gran papel en la prevalencia o erradicación de este mal que nos aqueja. Si no tomas decisiones y medidas urgentes y haces TÚ algo al respecto por ti y por tu familia ¡Nadie lo va a hacer! Y…, si contra el tema de la comida no has podido lograr cambios concretos, ve viendo la manera de incrementar tu nivel de actividad física y la de tus hijos
Colaborar positivamente a la solución de esta problemática ha sido siempre un compromiso personal y profesional para mí. Espero que mi colaboración (aunque sea con un pequeño granito de arena en la mar de lo que representan el sobrepeso y la obesidad en México), además de mi práctica profesional cotidiana, sea a través de esta carta para lograr hacer conciencia de la situación presente y futura.
Sé que puedo lograr mucho o al menos intentar mejorar la alimentación y salud de quienes han decidido pedir ayuda profesional en este sentido; sé cómo hacerlo. Lo único que no puedo hacer por cada individuo en particular es comer y ejercitarme por él o por ella. Espero que estas palabras lleguen a la conciencia de tantas y tantas personas que aunque desean hacer “algo” para tratar su sobrepeso no saben por dónde comenzar. ¡Gracias a Dios, la medicina moderna cuenta con “refacciones” humanas para reparar cualquier falla ocasionada por el uso y abuso al que sometemos a diario a nuestro cuerpo!, pero, ¿Acaso no vale más la pena prevenir que lamentar?... Este dicho nunca ha tenido más valor y aplicación que en este contexto, y ¡Eres tú la única persona que puede hacer algo al respecto por ti misma! Aunque también puede haber beneficiarios en el proceso: tu familia y tu sociedad. ¡Haz conciencia, vive con moderación y en equilibrio! Muy atentamente, L.N. Gabriela Noriega, N.C. Nutrióloga Certificada por el Colegio Mexicano de Nutriólogos Diplomada en Nutrición del Deporte y Actividad Física
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