 1) Se separan solo cuando ya tienen una amante de hace tiempo que les reclama legalidad, o sea, que pasan de un cuartel a otro. 2) Cuando ya no desean a su pareja pero no tienen “otra”, se quedan con la actual siguiendo la filosofía del perro (mientras haya agua, comida y un lugarcito frente al fuego, ésta es mi casa). 3) Ellas entonces se avivan y los dejan de amar, y les ponen las maletas en la vereda... Y el macho deprimido, como en un tango, por ahí se va con los muchachos a reventar la noche pero tarde o temprano... sólo piensa en emborracharse. La mujer hoy, en cambio, es más frontal y honesta, y cuando la cosa no va más dice hasta aquí llegó mi amor y baja la cortina. Acto seguido organiza un “mega evento” en el que puede pasar de todo: quema de libreta y fotos del ex, ceremonia de re-bautizo como soltera, morfi abundante, champagne libre, danzas varias, y algún inesperado desquite sexual en habitación contigua con ignoto musculoso invitado. Pero esto es sólo el comienzo de una urgente transformación de sí misma. Al toque viene la cirugía plástica, o si no se tiñe el pelo del color opuesto al que siempre usó. Si puede se muda o hace un largo viaje, y la que menos “guita” tiene al menos compra sábanas nuevas. 0bvio que la feliz divorciada, si se le da, sale una noche con algún mancebo lampiño que acaba de estrenar su DNI, ó es copiloto ocasional de un señor muy mayor que la pasea en un descapotado deportivo más caro que un original de Van Gohg. Sí. Ya nada ni nadie le impedirá beber, cantar y gritar con sus amigas en cuanto boliche de fisicoculturistas streappers se abra. Pero a las pocas semanas, con la misma sonrisa de la fiesta, comenzará el turismo afectivo y volverá a descubrir que ese que tiene plata es más agrio que un limón verde, el bohemio es romántico pero no le puede pagar ni una botella de agua mineral sin gas, el semental es un león en la cama pero vago como una lechuza, el filósofo es sabio pero no baila salsa, el hippie es suave pero no se baña, y el pachanguero es divertido pero más infiel que Don Juan Tenorio. Y en alguna tarde gris de otoño, una inoportuna melancolía la sorprenderá abrazada a un almohadón, extrañando absurdamente al abandonado, porque para ella la felicidad no se vive, sólo se recuerda y mal. En síntesis, la depresión, el duelo, no pueden disimularse con cornetas y matracas, risas estentóreas y bebidas chispeantes. Tal vez sea mejor para ella indagar qué pasó, y seguir el consejo de Moria por un rato: ¡si querés llorar, llorá!. www.luisbuero.com.ar |