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¿Qué escondemos tras la ansiedad por comer?

Gabriela Noriega

Nutrióloga Certificada

En esta ocasión he decidido pisar terreno ajeno… De antemano, pido disculpas a los psicólogos(as), pero espero reconozcan la profunda relación que existe entre los sentimientos y la alimentación, y en especial, la relación entre ciertos sentimientos negativos y la compulsión por comer.

Me atrevo a tomar este tema, pues llevé un Diplomado de un año en Logoterapia, pero preciso aclarar que la mayoría de estos párrafos no son míos, sino tomados del libro El Lenguaje de los sentimientos de David Viscott.

Ahora, solo espero que estas ideas sirvan de apoyo a todas aquellas personitas que viven un gran sentimiento de ansiedad mal canalizado hacia la comida… ¡Este es el caso de la mayoría de las pacientes que me visitan en consulta para el control de su peso corporal!


Los 4 sentimientos básicos

Nuestra percepción del mundo es a través de los 5 sentidos: OIDO, GUSTO, VISTA, TACTO Y OLFATO.

Los sentimientos, son como un “sexto sentido”, que interpreta, ordena, dirige y resume a los otros 5: nos dicen si lo que experimentamos es amenazador, doloroso, lamentable, triste o regocijante.

Los sentimientos son algo idéntico a SENTIR. No sentir es “no estar vivo”. Entonces, los sentimientos son la forma en que percibimos el “estar vivos”, y por lo tanto, son esa esencia que nos hace seres humanos.

Empezaré por decir que, así como existen los 3 colores básicos (azul, rojo y amarillo), y de ellos se origina una gama casi infinita de colores, existen 4 sentimientos básicos: MIEDO, ENOJO, ALEGRÍA Y TRISTEZA, que dan lugar a toda una gama de sentimientos (tanto positivos como negativos).

La ANSIEDAD, es un sentimiento negativo que se desprende del sentimiento básico MIEDO. La ansiedad es el “TEMOR de ser heridos o de perder algo”, por lo que según el tipo de pérdida, el tipo de ansiedad

Si alguien sufre un DAÑO (es herido) mediante palabras, acciones concretas o acciones NO hechas (omisiones) por parte de otra persona.

Una sufre la PÉRDIDA de alguien que nos ama, de su amor, o de la sensación de ser amados. También se puede PERDER la propia vida, el propio control (poder, dinero, posición, influencia o título), o la autoestima (temor al fracaso, a ser descubierto “sin ningún valor” o al ridículo).


La ANSIEDAD incluye otros sentimientos como temor, irritabilidad, agitación, preocupación, impotencia, inseguridad, tensión, nerviosismo, cobardía y terror... Todos ellos diferentes grados de un sentimiento de incertidumbre en cuanto a la propia seguridad.

El miedo, resumiendo toda la información que recibe de los 5 sentidos, tiene un fin: alertarnos para la defensa. Este es normalmente un “instinto de sobrevivencia” que lleva a un estado de alerta con el fin de conservar la vida, por lo tanto, lo que está en juego en este proceso es “la pérdida de la vida”. Normalmente, este tipo de ansiedad está fuera de nuestro control, pero hay personas que temen no a una muerte física como tal, sino al hecho de “hundirse en la nada”, de “no ser”.

Vivimos una era en la que no tememos tanto a un huracán, como al jefe, a nuestro horario exigente de trabajo, al regaño de un padre, esposo, amigo, etc., que crean sentimientos de frustración, y donde generalmente no se nos permite (o no nos permitimos) expresar nuestros sentimientos frente a la situación.

Cuando no nos es posible manejar directamente este tipo de tensión (ansiedad), es necesario encontrar otras salidas: un ejercicio placentero, las relaciones sexuales o interpersonales, pero muchas personas eligen como salida ¡los chocolates y los postres!... Aunque todo esto libera endorfinas, hormonas que contrarrestan el efecto orgánico del estrés, hay ciertas salidas que nos perjudican sobremanera… ¡En nuestro físico, apariencia personal y percepción de nosotros mismos!.

¿Qué sentimos cuando estamos “ansiosas”?

Inseguridad, pérdida del control, agitación, inestabilidad, sensación creciente de que “algo malo” está por suceder y/o sensación vaga de una pérdida inminente.

¿Qué hacer?

1. Admitir que estamos “ansiosos”. ¡Esto NO es admitir que somos débiles! Sino que somos humanos (vulnerables)

2. NO negar este sentimiento porque disminuye nuestra capacidad de defendernos contra lo que nos amenaza, y porque significa que algo que consideramos importante está bajo amenaza

3. ANALIZAR LA SITUACIÓN: Preguntarnos ¿Qué peligro me amenaza? ¿Está la amenaza en el pasado o en el presente? ¿Qué es lo que tanto temo perder?, y obviamente, sacar de estas preguntas información útil. Es necesario contar con tiempo, espacio, soledad y paz (aunque sea por escasos minutos en el día) para tomar contacto con uno mismo, escuchar nuestros pensamientos y prestar atención a nuestros sentimientos.

4. Llenar nuestras necesidades emocionales; no con COMIDA, dinero, éxito, poder o algún otro medio que nada tiene que ver con esa situación determinada, sino con lo mejor de nosotros mismos.

5. Eliminar la ansiedad (en el futuro). Para lograrlo, hay que evitar la amenaza que la provocó. Esto se logra conociéndonos a fondo, teniendo bien claro a qué tememos, y aprendiendo las lecciones dejadas por experiencias pasadas

Si sientes que tu caso va en esta dirección, que comes de forma compulsiva sin poder lograr un auto-control, mi sugerencia es que no pierdas la esperanza de solucionar tu problema, ponte en contacto con un psicólogo para que te apoye en este proceso, y si necesitas también un apoyo nutricional ¡Me pongo a tus órdenes para programar una cita personalizada!.

 

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