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¿Sexo en el trabajo?

Psicología Latina*

Mario Lucas Kiektik

Este tema siempre resulta interesante, especialmente si consideramos que la mayor parte del tiempo del día estamos en la oficina, en convivencia con hombres con los que potencialmente podríamos involucrarnos. Hasta el momento, las experiencias que conocemos arrojan un saldo negativo, por tanto, seguir reflexionando sobre el tema, es parte de nuestra propio camino de crecimiento.

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Si usted es patrón o empleada no importa. La última cosa en el mundo que debería hacer es enredarse sexualmente con alguien con quien trabaje. Realmente puede ser terrible. El negocio es una red de poder: esa trama se altera totalmente cuando entra el sexo, dándole poder a quien no le corresponde y visceversa. El sexo altera la estructura de poder. La relación sexual siempre resulta de la necesidad, y cuando esa necesidad queda satisfecha uno ha perdido poder.

Si en su empresa hay sexo entre empleados, usted tiene un problema. Si el que tiene sexo es usted, por más que al momento salga ganando, la empresa pierde, y está amenazando su sustento y el de su familia.

Muchas veces las relaciones sexuales en el trabajo se deben a patológicos vínculos laborales o visceversa. Busque las cosas en sus lugares. El negocio no es para eso. Nunca más puede recuperarse uno de esas situaciones. No se tiente, aclare las cosas desde el principio: eso será suficiente.

Uno ni siquiera necesita actuar sobre la base sus sentimientos sexuales para que se produzca la pérdida de poder. Todo lo que tiene que hacer es manifestar su necesitad sexual de otra persona, y ya habrá perdido.

Si se permite enamorarse de alguien que trabaja a sus órdenes, está dando a esa persona control sobre usted. Quienes tienen un poco de inteligencia rechazarán sus manifestaciones. Los que son crueles llevarán de la nariz de un lado a otro. En poco tiempo perderá el respeto hacia usted mismo por haberse colocado en semejante situación precaria.

Una vez que se han tenido relaciones sexuales con alguien de la oficina, las reglas de juego cambian completamente. Los hombres que usan a sus empleadas como un harem personal están viviendo tiempo prestado. Una reputación de promiscuidad sexual siempre produce una falta de respeto en la oficina y en los negocios. 

La intimidad sexual determina una inevitable pérdida de distancia entre uno y las personas que está tratando de dirigir. Las voces se corren rápidamente. No hace falta más que una pequeña indiscreción para empañar una reputación y destruir la credibilidad.

En cuanto uno se une sexualmente a un compañero de trabajo, se arriesga a perder la amistad de la otra persona. No importa quién sea el -o la- que está haciendo el amor con uno en horario de trabajo, siempre esperará algo en retribución. Todos los favores se pagan tarde temprano y generalmente por buenos. Si cree que lo hace por su encanto o su astucia, sólo estará engañándose a sí misma.

Hacer el amor en la oficina es un abuso de poder de ambas partes.

¿O, tienes tú otra opinión?

 

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