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Amores nada prolijos

Luis Buero

Antes de salir a buscar una presa, las mujeres deberían tratar de estudiar el espécimen que pretenden capturar. El macho terráqueo nos se resume en una sola raza, si no que tiene variadas y algunas de las que ellas deberían cuidarse bien son: a) los casados con hijos, perros y canarios, b) los muy lindos (histéricos, infieles por naturaleza), 3) los demasiado nenes de mamá (infantiles, egocéntricos, no se destetaron), 4) los desahuciados ( lagartos, babosos y sin un cobre).

Pero como las especies mutan, ahora también han salido de cañerías, desagües, y reuniones de solos y solas, los divorciados “des-prolijos”. A esta subespecie le cuesta separarse definitivamente de sus “ex”. Ellos son la prueba irrefutable de que envejecer es inevitable, pero crecer es opcional. Ahora bien, los divorciados des-prolijos vienen en distintos modelos, así que preparen lápiz y papel:

1) El patrón de la vereda: mientras la minita que fue su compañera de ruta alguna vez no encontró un nuevo macho la sienten como disponible part-time, y como un objeto que, del todo, nunca dejó de pertenecerles. Así que, no es extraño que todavía busquen acostarse con ella, y hasta es posible que se pongan celosos si ven a la primera de sus diez esposas sucesivas caminando del brazo de un morocho por la calle.

2) El melancólico selectivo: típico sentimental que al recordar el pasado sólo elige los buenos momentos y así mantiene un afecto indestructible por sus “ex”, minas que generalmente lo abandonaron con un “shot” en la región del sacro cóccix, que aún le duele.

3) El que no cortó el cordón umbilical. Para él todas sus hembras ocuparon el lugar de “subrogantes maternas”, es decir, porciones parciales de la imagen de su mamá, la mujer original, aquel imaginario femenino “dador de amor y de comida”, la que sería incapaz de abandonarnos.

4) Los que sienten que cualquier relación que emprenden luego del primer matrimonio es una infidelidad aceptada socialmente. Es decir, todas las que conozca después de la que fue la madre de sus hijos serán “kelpers” afectivas, o “segundas” legalizadas.

Ahora bien, las mujeres no son así. Cuando la mujer abandona un flaco, cierra ese capítulo de su vida con candado y tira la llave y el cofre al mar, sin dar un paso atrás. Pero, atención señores pasajeros, eso no quiere decir que no caiga también en amores des-prolijos. Mi amiga Samantha, por ejemplo, recién separada, me contaba días atrás que estaba saliendo con tres tipos a la vez. Le pregunté por qué y me respondió:

“ Al principio me sentía rara, pero ahora me acostumbré y no quisiera prescindir de alguno de los tres pues ninguno por si sólo me satisface plenamente, ¿te explico?, el primero me brinda el veinte por ciento de lo que necesito, el otro me colma el treinta y el tercero me da el cincuenta restante”, concluyó.

Y yo no supe que contestarle porque de matemáticas, lo juro, no entiendo un pomo.

*Luis Buero - guionista, periodista, docente, psicólogo social

 

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