 Los y las nutriólogas reconocemos que una dieta recomendable debe ser completa (que incluya todos los grupos de alimentos), equilibrada (que los alimentos se consuman en cantidades apropiadas para cada grupo de edad) e higiénica (segura). Para que la dieta sea completa debe incluirse por lo menos un alimento de cada uno de los tres principales grupos: Cereales y tubérculos: pan, tortillas, pastas, galletas, etc.
Verduras y frutas: manzana, pera, melón, espinaca, lechuga, brócoli, etc.
L eguminosas y alimentos de origen animal: carne, pollo, pescado, queso, frijoles, lentejas, etc.
La base de toda dieta humana, es decir, de toda alimentación, está en los cereales y sus derivados (como el pan) y los vegetales frescos, pues aportan la mayor parte de la energía de la dieta y buena parte de proteína, fibra, vitaminas y minerales. A las gramíneas como el trigo, el maíz o la avena, entre otras, se les conoce también como "cereales" en alusión a Ceres, la diosa griega de las cosechas. Con el propósito de que conozcas el aporte nutrimental del pan y otros derivados, quiero orientarte respecto a los términos relacionados más importantes: Energía. Los cereales contienen hidratos de carbono complejos, que son la mejor fuente de energía. Aportan glucosa, un azúcar que se almacena en los músculos como glucógeno y constituye una reserva energética mientras no comemos o cuando hacemos ejercicio.
Por eso, es un error eliminar de la dieta los alimentos que son fuente de hidratos de carbono cuando se quiere bajar de peso, pues los carbohidratos aportan sólo 4 kcal por gramo, a diferencia de las grasas, que aportan 9 kcal por gramo. En promedio, una rebanada de pan de caja contiene 75 kilocalorías (equivalente a un plátano), por lo que su consumo racionado no coopera con el aumento de peso. De hecho, la mejor manera de perder peso sanamente es mediante una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos, pero sin pasarse de la cantidad de calorías que se necesitan. Fibra. Los productos elaborados con cereales integrales (con todo y cáscara) aportan una buena cantidad de fibra. Ésta ayuda a regular el funcionamiento del aparato gastrointestinal, mejorando el movimiento del intestino grueso y, por lo tanto, evitando el estreñimiento. También reduce la concentración de colesterol, triglicéridos y azúcar en la sangre, disminuyendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer. Vitaminas y minerales. Las harinas de trigo se adicionan en el molino con tiamina (vitamina B1), riboflavina (vitamina B2), niacina (vitamina B3), ácido fólico, hierro y zinc.  Acido fólico: Ayuda a prevenir defectos del tubo neuronal en los bebés -lo que genera posteriormente espina bífida. Por ello se recomienda que las mujeres que pretenden embarazarse o están ya embarazadas, consuman alimentos ricos en ácido fólico, como el pan.
Vitaminas del complejo B: Participan en el metabolismo de los hidratos de carbono y contribuyen a mantener sanos el sistema nervioso, el aparato digestivo y la piel.
Hierro: Ayuda a reducir los problemas de anemia.
Como puedes ver, el pan es un alimento que conviene poner siempre en la mesa, naturalmente racionándolo, pero no satanizándolo. |