 Ha vuelto la primavera provocando su habitual revolución en las hormonas de la gente, generando paseos agradables por los bosques, ganas de volver a tomar sol a toda hora. Ella representa el tiempo del renacimiento. Así lo entendió la mayoría de las religiones antiguas. Para los griegos, Perséfone era la diosa de la eterna primavera. Sobre ella se tejen varias leyendas, todas relacionadas con el reverdecer de la Tierra. Apabullado por esta brisa de renovación, anoche me ilusionaba pensando que durante esta primavera 2004 podían llegar a suceder cosas milagrosas a nuestro alrededor. Por ejemplo, sería lindo: 1. Que los piqueteros en vez de cortar las calles las llenaran de flores, facilitando las señalizaciones de canteros y curvas, cantando durante el trabajo el Himno a la alegría. 2. Que las entidades bancarias aprovecharan estas coloridas fechas para volver a ser creíbles, devolviendo los depósitos en dólares que retuvieron congelados, a sus dueños, dentro de una fina canasta de frutas secas y en la moneda original en que les fue entregada la suma de dinero. 3. Que los novios recientes se animaran a concretar su “primera vez” en algún lugar romántico. Y sería ideal que durante los próximos tres meses las parejas ya constituidas sólo fueran capaces de decirse “te amo” cuando realmente lo sintieran. 4. Que la mente de algunos empresarios pudiera abrirse como las ventanas en esta estación y declarar un “gracias por el esfuerzo” a todos sus subordinados, con un abrazo o un aumento de salario, sin esperar a que un ministro lo autorice. También sería piola ver:
5. Que los galanes winners que inviten a salir a una chica durante esta primavera estuvieran impedidos de mentir, y se decidieran a desamordazar a su ángel interior de una buena vez. 6. Que los sacerdotes de parroquias lograran el poder de repartir de pronto, sin saber cómo, miles de panes y pescados. 7. Que esos hermanos y hermanas que están peleados por un asunto de cuñados, o de dinero, se vieran iluminados por la brisa cálida del atardecer y se juntaran en un café para reconciliarse. 8. Que todos los médicos tuvieran la oportunidad de anunciarle a su esporádicos pacientes: “lo suyo no tiene importancia, es sólo cansancio”. 9. Que el aroma de los jardines produzca amnesia en los delincuentes, y paz en el corazón de los violentos. 10. Que la muerte se tomara licencia sin goce de sueldo. Y finalmente imaginaba: 11. Que en los picnics estudiantiles, sobre los jóvenes recaían nuevamente los símbolos de la esperanza perdida. 12. Y que aquella, la que me abandonó en diciembre para siempre, volvía con su valijita negra y me murmuraba con voz de brújula y acento de amapola: “¿quién anda ahí?” Fue entonces cuando el despertador me explotó en el oído como una sirena de barco, mientras un pájaro posado en mi ventana insistía en cantar y cantar. Sonaba extraño ese trino. Debía estar improvisando. |