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¿Sufres de adicción al amor?

Dr. Gregory A. Haglund

La idea de la adicción no me convence; sin embargo, la encuentro bastante útil cuando pienso en las relaciones y en la forma como las iniciamos y permanecemos en ellas. El concepto de “adicción al amor” tiene visiones comunes y ciertas de las maneras insatisfactorias en que solemos relacionarnos en pareja.

Para comenzar, la “adicción al amor” es una contradicción. El amor genuino es saberse amado y aceptado por otra persona. Es construir intimidad a través de la honestidad, mostrándose como se es. Una adicción, sin embargo, es contraria a la intimidad; involucra comportamientos, creencias y actitudes que presionan y nos alejan de la auténtica intimidad.

Una adicción embota los sentimientos positivos, transformándolos en sensaciones dolorosas que impiden ver la realidad y saber lo que nos está pasando. Así, ninguna intimidad genuina puede crecer en donde existe adicción al amor.

Muchas veces lo que vemos como el estereotipo del amor “ideal” en las películas y las telenovelas, no es otra cosa que adicción, ¿lo había pensado alguna vez?

La persona que se encuentra metida en estos berenjenales persigue la intimidad con sentimientos de venganza, promesas inquebrantables y amenazas... simplemente no soporta la idea del abandono o de la soledad. Establece una enfermiza relación de dependencia y baja autoestima, pues la persona es en función de estar con alguien. Su miedo al abandono tiene que ver con un pobre autoconcepto de sí y de su identidad, lo que le hace aferrarse a toda costa a una relación, por mala que ésta sea.

Así, comienza a sufrir demasiado por las decisiones de la otra persona; su terror al abandono la impulsa a colgársele. Con esta acción brinda al otro todo el poder y toda la responsabilidad de su vida y de su felicidad, pues la adicta no sabe estar sola y en paz consigo misma.

Estará usted de acuerdo en que el amor genuino no tiene nada que ver con lo anterior, pues no daña.

La persona adicta pone su relación enfermiza en el centro de su vida y repite continuamente ese patrón de conducta, sin importarle lo mal que le haga sentirse pues todo es “mejor” que estar sola.

Mi experiencia me ha confirmado que existen dos clases de personas adictas al amor. Las primeras buscan en toda relación alcanzar un ideal, sin tomar en cuenta quién es realmente su compañera(o). Las segundas se entregan a una relación o a una persona en particular. Funcionan bien en las primeras fases, mientras no se involucren románticamente; entonces se enganchan con la pareja y se vuelven totalmente disfuncionales.

El siguiente es un ejemplo del segundo tipo de adicción:

Silvia vino a terapia. Luego de la relación de un mes que había establecido con Carlos, éste decidió que todo había terminado y ella quedó devastada: lo necesitaba. Por un año lo siguió en su carro a su casa o a su trabajo para encontrárselo “casualmente”, y hasta llegó a robarle su agenda para checar si estaba saliendo con otras mujeres. Un día Carlos salía de un antro y en plena calle la maltrató diciéndole que lo tenía harto... Pero Silvia continuó su actitud obsesiva hacia él, hasta que finalmente el hombre cambió de trabajo y se fue a vivir lejos. Entonces ella se sintió perdida y se deprimió aún más.

Entiendan, queridas lectoras, que Silvia no estaba loca. Ella es bonita, inteligente y tiene valores. Sólo deseaba una relación de amor comprometida y de intimidad con alguien. Como ella, existen muchas otras personas que rompen su estructura de valores al entrar en una relación con alguien en quien depositan la responsabilidad de que las haga sentirse valoradas, seguras y que le dé un sentido a su existencia.
Con frecuencia, en sus primeras fases la adicción al amor se confunde con enamoramiento. La diferencia estriba en que la persona que simplemente ama, sabe quién es y lo que vale, tiene un alto sentido de su identidad por sí misma, no por la persona que está con ella.

  • ¿Cree usted que su vida sería más soportable con una relación de pareja que sin ella?
  • ¿Siente que su vida no tiene sentido sin una relación amorosa?
  • ¿Se encuentra en una relación amorosa disfuncional que no puede terminar?
  • ¿Es incapaz de dejar de ver a esa persona que es destructiva para usted?
  • ¿Cuántas veces ha tratado de controlarse para no ver a esa persona que no le conviene... y termina viéndola otra vez?
  • ¿Siente que esa relación afecta en forma negativa otras partes de su vida, como su trabajo y familia?
  • ¿Encuentra que repite esta adicción al amor o patrón negativo de conducta, en otras relaciones que ha tenido antes?

De acuerdo a la Sociedad de Adictos Anónimos al Amor, si usted respondió afirmativamente a cualquiera de estas preguntas, es posible que presente adicción en algún grado.

Los adictos al amor creen que necesitan estar atados a algo o a alguien para sobrevivir y sentirse completos. El simple hecho de imaginarse estando solos les aterra; incluso pueden llegar al suicidio cuando una relación acaba.

Charlotte Kasi, autora de Mujeres, sexo y adicción, da cinco criterios para identificar una relación adictiva:

* No se puede parar la adicción, aunque conscientemente usted lo quiera (Silvia quería estar libre de Carlos y no podía lograrlo sólo con desearlo).
* Se dan peligrosas y negativas consecuencias que afectan todos los órdenes de la vida.
* Como la persona enfoca su atención a una relación adictiva, deja de atender sus otros roles, viola sus propios valores e ignora sus responsabilidades personales.
* Desea ver más y más a su pareja, no importando lo mal que le traten. Es una conducta que simplemente no sabe cómo puede detener.
* Una vez que la persona pierde todo contacto con la pareja a la que es adicta, se deprime y viene una sintomatología parecida a la del drogadicto o el alcohólico que se ve forzado a dejar las sustancias tóxicas.

Como habrá visto hasta aquí, cualquiera que depende de una relación con riesgo de perder o dañar su integridad física o emocional, es “adicta al amor”. Por lo regular, trata de llenar un hueco de abandono de la niñez; cree cubrir con su relación “amorosa” esas necesidades básicas de seguridad, amor y aceptación.

Las adicciones al amor tienen su raíz en las habilidades de supervivencia que aprendemos a lo largo de la vida, después de un abandono en la niñez, y en cómo decodificamos e interpretamos este abandono en la vida adulta.

El anhelo de amor y seguridad se vuelve la tendencia que está debajo de la adicción. El padre de Silvia, por ejemplo, era alcohólico y abusaba físicamente de ella y de su mamá. Su madre era incapaz de protegerse y proteger a su hija de tal violencia. Silvia se hizo “adicta” al amor por esta experiencia de abandono en su infancia.

Cuando las necesidades básicas de la infancia no se satisfacen, los niños quedan abandonados, enojados, temerosos y tristes. Con el tiempo aprenden a postergar, a negar y a dejar de lado sus necesidades, a no sentirse importantes. Crecen con un miedo latente a ser abandonados en cualquier momento.

Cada persona desarrolla diferentes habilidades y competencias para tratar este miedo crónico al abandono. Es necesario aprender a neutralizar la ansiedad, la vergüenza, el miedo y la tristeza... Aprender que todos y cada uno de nosotros valemos por lo que somos, que somos lo suficientemente buenos para que alguien nos quiera y desee estar con nosotros.

Si usted cree necesitar de un compañero para sobrevivir, y éste se ha convertido en el centro absoluto de su vida... puede ser más adicción que amor lo que le impulse a estar con él.

Aprender caminos saludables para enfrentar el vacío, el dolor y el temor intrínsecos a la soledad, es parte de la respuesta para terminar con este patrón de conducta que nos aleja de nuestros valores, de la paz y la armonía. Suena poco fácil y lo es, pero la ganancia es proporcional al esfuerzo, pues a medida que se avanza, la gente aprende a poner su seguridad dentro de sí, tejiendo relaciones en las que impere verdadera intimidad y compromiso.

 

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