 Para comenzar, no es una enfermedad por deficiencia de estrógenos, como manejan algunos médicos y medios de comunicación. Más bien debe definirse como el cese de la menstruación, resultado de la declinación ovárica normal. Técnicamente entramos a la menopausia después de 12 meses consecutivos sin periodo menstrual. La menopausia señala el final de la etapa fértil, y el comienzo de una nueva, potencialmente gratificante para toda mujer. Parte del estigma de la menopausia es su asociación con el envejecimiento y la obsolescencia; la realidad es que no se envejece más rápidamente en los 50 que en cualquier otra década de la vida. Para la mayoría de las mujeres, la menopausia natural sucede entre los 45 y los 55 años, ubicándose el promedio en 51. En raras ocasiones aparece tempranamente (30 años), o tan tardíamente como a los 60. Se considera prematura si ocurre antes de los 40, o artificial si es inducida por exposición a radiaciones, por agentes quimioterapéuticos o por cirugía (histerectomía / ooforectomía). Otros factores que pueden contribuir a una menopausia temprana incluyen historia de tabaquismo, mala nutrición o condiciones médicas coexistentes. Fisiología Entenderla nos ayuda a comprender mejor cómo ocurre. La primera mitad del ciclo menstrual está dominada por estrógenos cuyo papel es construir la capa interna del útero en preparación para un embarazo potencial. Aproximadamente el día 14 del ciclo (o dos semanas antes de la menstruación) un huevo es liberado de los ovarios. A este proceso se le conoce como ovulación. Como resultado de ésta, el ovario inicia la producción de progesterona durante la segunda mitad del ciclo, etapa en que la progesterona es la hormona dominante. Su papel es cambiar la composición del endometrio y prepararlo para la gestación, previniendo una recomposición por el estrógeno. Al final del ciclo, si el huevo no es fertilizado los niveles de estrógeno y progesterona caen, ocasionando una descamación endometrial. Es a esto a lo que llamamos menstruación. El cuerpo pasa por este ciclo cada mes, asegurando un endometrio fresco en preparación para una gestación potencial. Si en una mujer falla la ovulación, no produce progesterona y puede resultar en síntomas de desequilibrio hormonal. Las mujeres tenemos un número finito de huevos; al nacer tenemos aproximadamente un millón; hacia la pubertad habrá unos 300 mil. Diez ó 15 años antes de la menopausia la pérdida se acelera y llega finalmente la menopausia. 
Perimenopausia describe el tiempo de transición entre los años reproductivos y el cese de la menstruación. Ocurre entre los 40 y los 51 años, y puede durar de 6 meses a 10 años. Durante ese tiempo los niveles hormonales fluctúan y declinan, pero no necesariamente en forma ordenada. Estos cambios hormonales son el principal factor que hace que las mujeres experimenten una sensación de desequilibrio físico, mental y emocional.
Eventualmente los niveles de estrógeno declinan al punto en que el endometrio no se engruesa y la menstruación cesa, llegando así la menopausia. Aunque hay semejanzas en lo que sucede hormonalmente, cada mujer experimenta esto de manera muy diferente. Quienes andan en esas edades pueden experimentar un amplio rango de síntomas en grados variables de severidad, o pueden no sentir ningún síntoma. Algunos de los signos y síntomas asociados con la menopausia incluyen, pero no se limitan a: bochornos, sudoración, fatiga, nerviosismo, irritabilidad, confusión, palpitaciones, insomnio, depresión, resequedad vaginal y/o dolor; náusea, gases, incontinencia urinaria, dolor al orinar, estreñimiento, diarrea, dolores articulares y/o musculares, y parestesia (sensación de entumecimiento, sensibilidad general aumentada, y deterioro de los movimientos musculares voluntarios, que pueden llevar a que uno “choque” con muebles u objetos, o que suelte objetos de las manos sin desearlo). Los ciclos anovulatorios (no-ovulación) que empiezan en la perimenopausia pueden provocar cambios hormonales que resultan en bochornos, cambios en el patrón de sangrado, síntomas similares al síndrome pre-menstrual, así como otros menopáusicos. Los niveles de estrógenos bajan sus niveles entre 40% y 60%, y la progesterona cae casi a cero debido a los ciclos anovulatorios. Esta caída drástica de la progesterona puede ocasionar un desequilibrio entre estrógenos y progesterona, causando una relativa dominancia estrogénica dentro del cuerpo. Muchas mujeres reportan una disminución de los bochornos y otros síntomas al suplementarles progesterona. Ésta tiene un número importante de papeles relativos a la menopausia. Es un balanceador natural del estrógeno, así como necesario para su utilización óptima. La presencia de progesterona en el cuerpo sensibiliza tanto receptores de estrógeno como de hormonas tiroideas, permitiendo al cuerpo el uso de estas hormonas en forma más eficiente. Investigaciones recientes marcan también otras propiedades protectoras de la progesterona sobre corazón, vasos sanguíneos, nervios y cerebro. La genética puede jugar un papel importante en el momento en que se presenta la menopausia, pero el estilo de vida puede ser de gran importancia. Bochornos Considerado “el marcador” de menopausia, el bochorno es el síntoma más común en las sociedades occidentales. Es considerablemente menos común en países como Japón, Hong Kong, Pakistán, donde los estudios muestran que el 10% o menos de mujeres menopáusicas los experimentan. Se ha postulado que las bajas incidencias se deben a su dieta baja en grasa, y alta en fibra y productos de soya. Existe una multitud de teorías que explican sus causas. Se sabe que la fluctuación de los niveles de estrógenos es al menos una parte del cuadro porque muchas mujeres experimentan mejoría cuando empiezan la terapia con estrógenos. Sin embargo, esta teoría no explica plenamente el fenómeno de los bochornos pues muchas mujeres menopáusicas y posmenopáusicas con bajos niveles de estrógeno nunca los experimentan, mientras que otras experimentan éstos y otros síntomas relativos a exceso estrogénico.
Los signos de exceso incluyen ganancia de peso, mastalgia (dolor de senos), flujo menstrual abundante y cambios de carácter erráticos. Pero fíjate: muchos estudios muestran en forma consistente un 30% de mejoría en mujeres tratadas sólo con placebos. De la respuesta al placebo de los bochornos se puede inferir que se trata de un complejo fenómeno neuroendocrino, afectado por una variedad de factores incluyendo pensamientos, expectativas y emociones. Por otro lado, muchos estudios demuestran que el ejercicio regular (un promedio de tres horas y media por semana) también disminuye la frecuencia y severidad de los bochornos. Este es un punto elemental en cualquier programa para minimizar los síntomas menopáusicos, además de que proporciona beneficios adicionales a la salud ósea y cardiovascular. Una variedad de suplementos nutricionales son benéficos: Los bioflavonoides disminuyen la incidencia de bochornos, particularmente cuando se toman con vitamina C (ésta fortalece las membranas de los vasos sanguíneos y actúa como un poderoso antioxidante). Varios estudios han demostrado que las mujeres menopáusicas tienden a tener niveles más bajos de vitamina C que las premenopáusicas. El ácido pantoténico (vitamina B5) juega un papel importante en el mantenimiento de la función adrenal. El paba (ácido para-amino benzoico) promueve los niveles circulantes de los estrógenos del cuerpo. Varios estudios reportan una reducción significativa de los bochornos al suplementar vitamina E. También posee efectos benéficos sobre el sistema cardiovascular, así como una propiedad antioxidante potente. 
Si nunca lo hiciste durante tus años de juventud, nunca es tarde para comenzar a llevar un estilo de vida saludable. Esto incluye: seguir buenos hábitos alimenticios, ejercitarte regularmente y afrontar la vida con un espíritu positivo. Si necesitas que guíe tus primeros pasos… ¡Estoy a tus órdenes! |