 Cuando sientes la garganta irritada, lagrimeas o tienes escurrimiento nasal, sabes que has pescado un resfriado y que, por tanto, debes cuidarte para prevenir complicaciones como la neumonía, para lo que se recomienda beber líquidos, evitar corrientes de aire, comer frutas y verduras... Pero ¿qué haces cuando, por tercer día consecutivo, olvidas las llaves dentro del coche? ¿Cuando sin motivo aparente no puedes con un encargo que, de acuerdo con tu capacidad y experiencia profesional, debería ser pan comido? ¿Sabes reconocer —así como ubicas los síntomas de un resfriado común— los signos de un funcionamiento cerebral deficiente? Será un complot de ese famoso alemán La falta de concentración, las fallas de memoria, la indecisión, la fatiga crónica, así como muchas otras conductas aparentemente comunes, cuando son recurrentes, son signos inequívocos de que algo en ese maravilloso órgano llamado cerebro anda mal, e incluso pueden constituir el preámbulo de enfermedades mentales potencialmente graves, como la depresión, el trastorno por déficit de atención o hiperactividad, Mal de Alzheimer, Mal de Parkinson, entre otras. Y así como hay medidas básicas para prevenir y tratar las infecciones de las vías respiratorias, también hay medidas elementales para prevenir y tratar los síntomas de alteraciones cerebrales. (Y no nos referimos a los medicamentos.) EPA y DHA, bienestar que viene del mar ¿Sabías que la evolución del cerebro humano alcanzó su más dramático progreso cuando el hombre empezó a consumir proteínas provenientes del mar? ¿Que en la actualidad hay mucho más casos de Alzheimer y Mal de Parkinson en regiones donde se consume poco pescado, que en aquellas donde este alimento se ingiere en abundancia? En efecto, la ciencia ha demostrado que la buena salud y el alto desempeño cerebral están estrechamente ligados al consumo de pescado, específicamente al consumo de grasas esenciales contenidas en este tipo de alimento, como los ácidos grasos «omega 3», mejor conocidos como EPA (ácido eicosapentanoico) y DHA (ácido docosahexanoico), los cuales favorecen el equilibrio bioquímico del cerebro, regeneran las membranas celulares, mejoran la intercomunicación entre neuronas y ofrecen múltiples beneficios más. La química María Engel, directora del Centro Engel, Clínica Médica Nutricional, nos describe su experiencia acerca de cómo el consumo de estos importantísimos nutrientes mejoró su funcionamiento cerebral: “Acostumbrada a tomar toda clase de suplementos nutricionales, puedo afirmar que nunca había sentido un efecto tan rápido y espectacular como el que experimenté al tomar cápsulas de EPA y DHA. De inmediato empecé a percibir una enorme mejoría en mi capacidad de concentración y de síntesis, y noté que mi cerebro estaba mucho más despejado, ¡como si me hubieran quitado una nube de enfrente”. Bienestar de la cabeza a los pies Cada día surgen nuevos descubrimientos acerca del poder de los ácidos grasos EPA y DHA para optimizar la función del cerebro y para prevenir enfermedades de este órgano, pero además sobre la influencia benéfica que tienen en la actividad cardiovascular y del sistema inmunológico, así como en el control del colesterol y los triglicéridos, para limpiar las arterias y venas, para prevenir la formación de coágulos de grasa, frenar los procesos inflamatorios, regular la presión arterial y para revertir problemas de la piel como psoriasis y eczema. Sandra Lerma, de 50 años, nos cuenta también cómo estos aceites de pescado le ayudaron a aliviar las molestias de gastritis y colitis que venía arrastrando desde hacía meses: “Con lo escéptica que soy para los suplementos, acepté tomar EPA y DHA por recomendación de una amiga. Usé una presentación líquida súper concentrada y, para mi sorpresa, a la media hora de haberla tomado por primera vez, el dolor gástrico había desaparecido. Eso no fue todo, me sentí tan bien que con toda tranquilidad hice mi rutina diaria de ejercicios, inclusive más, y me puse a lavar ropa a mano y a hacer, con los dedos, otros ejercicios que mi médico me había recomendado para combatir síntomas de artritis que estaba presentando. Lo increíble es que la mejoría fue casi instantánea, que hice todo con una notable facilidad ¡y que ni siquiera amanecí adolorida después de tanto ajetreo!”. ¡Bienestar para todos! Y es que el EPA y el DHA tienen la gracia de estimular la producción de eicosanoides “buenos” (también los hay “malos”), un tipo de hormona que, a su vez, promueve la defensa del propio organismo ante enfermedades neurológicas y otros padecimientos crónico degenerativos, como la diabetes y el cáncer, entre otros. El EPA y el DHA son nutrientes esenciales que, como diría Barry Sears, creador de la revolucionaria Dieta de La Zona, “el cerebro ama”, pero que, al no producirlos el cuerpo, debe obtener de la principal fuente que los contiene: pescados como el atún, la caballa, sardina, salmón, trucha, gatuzo y trilla. Ahora bien, si por alguna razón esto no es posible, es necesario brindárselo mediante un suplemento líquido o en cápsulas que se derive de pescados de aguas muy frías —del norte del planeta—, que son los únicos que aseguran la alta pureza que el organismo necesita para aprovechar sus beneficios sin sufrir daños colaterales. El EPA y el DHA aumentan el flujo sanguíneo y tienen un efecto antiinflamatorio en todo el organismo, por lo cual son altamente recomendables para personas que ya sufren alguna enfermedad neurológicas, o no neurológica como artritis, osteoartritis, diabetes, problemas circulatorios, alteraciones cardíacas, trombosis cerebral, migrañas o procesos inflamatorios recurrentes, endometriosis, enfermedades autoinmunes e hipertensión. Asimismo, para mujeres con síndrome premenstrual, embarazadas y lactantes, y en general para quien, sin estar enferma, desea mejorar su calidad de vida presente y futura.
Si te interesa aprovechar al máximo los beneficios del EPA y DHA, ponte en contacto con el Centro Engel, Clínica Médica Nutricional. Cicerón 501, Polanco. Tels. (55) 5280 0291, 5281 2290. |