 Pero verás: si espero a cambiarme de casa para tener una habitación sólo mía, y entonces sí hacer vestidos, cuadros, libretas, pasteles, poemas, adornos... pues para como está la economía, ya estuvo que nunca lo hice. Si espero a que los niños crezcan y a que no suene el teléfono jamás, ya estuvo que tampoco, porque aunque los niños sean mayores siempre seré madre. Y aunque no suene el teléfono me van a dar ganas de hablarle a alguien. La creatividad debe expresarse ahora, en el momento que estás, en el lugar que habitas. No es necesario irte al Pacífico sur ni divorciarte o mudarte de casa para ser creativa. 
La creatividad es tan visible y poderosa como un rayo de luz; sólo necesita una rendija para colarse en nuestras vidas. De lo que se trata es de abrir esa rendija y estar al pendiente de cuando aparezca. El espacio que habitas es el adecuado, lo único que hay que hacer es sacar las cosas que ya no sirven para que entren las nuevas. No es cambiarse de lugar ni construir otro edificio: se trata de hacerle lugar tirando los papeles que no sirven, donando libros a la biblioteca, regalando la ropa que no usamos, sacando el periódico viejo, tirando las libretas de apuntes de la carrera. Conste que no estoy hablando de limpiar la casa, sino de hacerle un espacio a la creatividad. Son acciones distintas: en uno limpias la casa para que se vea limpia y ordenada; en otro aseas y escombras un lugar para que quepa muy a sus anchas la creatividad. Cuando ésta tiene un espacio entonces se siente cómoda y se queda un largo rato contigo.
Imagina un lugar de la casa u oficina que vas a dedicar para que llegue la creatividad. Tiene que ser un lugar concreto, un espacio, porque la creatividad, aunque no se ve, se manifiesta... y al rato va a ocupar un sitio con sus manifestaciones. |