 1. Habrá días de mayor apetito. Sin saber por qué, alguna vez tendrás más hambre de lo normal. No se saben las causas; limítate a aceptarlo tomando pequeñas raciones extras de alimentos permitidos en tu régimen. No te preocupes, no engordarás. 2. Mesetas. Has seguido tu dieta al pie de la letra, pero durante dos días no has bajado ni un gramo: son las mesetas normales en las dietas. Se presentan cuando el organismo se limita a quemar grasas (pesan menos que los líquidos y, aunque no adelgaces en peso, lo harás en volumen). 3. Los alimentos te engordan más por la noche. Cuando dormimos, el organismo segrega la hormona del crecimiento, que en los adultos transforma los alimentos en músculos o en grasa. Por eso, si en la noche consumes algo que puede hacerte subir de peso, además de no quemar calorías (pues estás inactiva) se acumularán como sustancias de reserva. 4. Las comidas se empiezan con el postre. Si en tu menú hay fruta para cerrar, cómela en primer lugar. Asimilarás mucho mejor, tu digestión será más fácil y frenará tu apetito. 5. Después de comer, mil pasos has de dar. Si quieres adelgazar no te quedes quieta luego de comer. Un paseo ligero de media hora puede acelerar tu metabolismo y aumentar la quema de grasas: prolongará su efecto durante unas dos horas. 6. Después de adelgazar, no bajes la guardia. Lo peor que puedes hacer una vez que adelgaces es volver bruscamente a una “alimentación normal”. Si lo haces, volverías a recuperar los kilos tanto más de prisa cuanto mayor sea la cantidad perdida. Calcula una semana de mantenimiento por cada dos kilos bajados. Para hacer el mantenimiento, paulatinamente introduce en tu dieta pequeñas cantidades de alimentos “prohibidos”. Ahora que si en verdad quieres mantenerte en el peso que has alcanzado, decide con rigor militar qué alimentos no volverán a entrar nunca más en tu dieta, por perjudiciales. Si tu dieta no ha servido para cambiar algunos de tus hábitos más dañinos, pronto volverás a estar en el punto de partida... 7. Es importante hacer cuatro o cinco comidas al día. Si no desayunas o no meriendas, te será difícil mantener el peso. ¿Sabes por qué? Mira, el metabolismo funciona mejor cuando tomas cuatro o cinco comidas ligeras, que cuando estás muchas horas sin comer y luego haces una gran comida. Además, algunas dietas se basan en el mantenimiento estable de los niveles de azúcar en la sangre. Un estómago vacío por muchas horas, provoca baja de glucosa de forma peligrosa. 8. Lo peor es el picoteo. Andar picando entre comidas es tolerable si no abusas de ello y sólo tomas alimentos autorizados por su mínima cantidad de hidratos de carbono: pepino, apio, sandía, jícama... 9. Toma vitaminas. Mientras haces dieta sigues trabajando, estudiando, atendiendo la casa... es decir: quemando energías. Tanto para mantenerla en buen nivel como para evitar la flacidez de la piel, es importante que consultes con tu nutrióloga sobre un buen complejo vitamínico con minerales.
10. Pésate desnuda, en ayunas y por la mañana. El peso corporal varía a lo largo del día, dependiendo de la retención de líquidos y el tipo de comida. Calcula uno o dos kilos de más durante los días antes de la regla. Asegúrate de que, una semana después, los kilos de más hayan desaparecido. 
También toma en cuenta que hay seis momentos peligrosos para tu dieta: * La vida en pareja. Según un reciente estudio, las mujeres engordan un promedio de dos kilos después de casarse (algunas hasta seis). Los expertos en nutrición sospechan que este aumento está relacionado con lo que llaman el “síndrome de video y cena casera”: sentarse en el sillón delante de la televisión, con cosas para picar. También lo achacan a que las mujeres casadas cenan más que cuando vivían solas o eran solteras, y a que relegan el gimnasio para pasar más tiempo con su pareja. Para no caer en la trampa, busca un deporte para compartirlo con él. Y, por supuesto, ten todo lo necesario para hacer ensaladas y precocinados con urgencia, en lugar de pizza congelada y papas fritas. * Cuando llega un bebé. En el embarazo, la naturaleza nos prepara aumentando las reservas de grasa en caderas y muslos; las mujeres que tendemos a engordar entramos a una época peligrosa. Si aunque te cuides, engordas, no te deprimas; tras el parto, la cuarentena, cuando tu sistema hormonal se haya regulado, podrás ponerte a dieta. Mientras, como tu horario de comidas estará trastornado por el bebé, ten en el refrigerador cosas nutritivas que no engorden, particularmente frutas. Aunque al cuidar al bebé te mueves constantemente (levantarte, agacharte, recoger), no tiene nada que ver con Pilates. Además, aunque adelgaces es importante volver a poner firmes y tensar los músculos del vientre. Haciendo ejercicio pronto estarás mejor que antes. * En situaciones de estrés. Cuando estrenas un trabajo, te cambias de casa o hay un cambio importante en tu vida, lo más normal es que los nervios y la tensión se disparen. En esas circunstancias es fácil comer más de la cuenta, o atiborrarte de golosinas para consolarte y compensar el estrés. Para evitarlo, anticípate a los acontecimientos: llena tu refrigerador de alimentos sanos pero de bajas calorías, date buenos e intensos paseos. Está demostrado que caminar reduce la angustia y la tensión, así que planea convertir alguno de tus desplazamientos cotidianos en una caminata de media hora que sirva para activar tu metabolismo. * Cuando trabajas en la casa y además tienes niños pequeños, el riesgo de comer más de la cuenta es muy alto, porque siempre tienes comida a la mano. El mejor complemento de esta situación es hacer ejercicio. Aunque no lo parezca, cuando no se trabaja fuera de casa, encontrar tiempo para hacer deporte es mucho más difícil que cuando se trabaja de 9:00 a 18:00 horas. Se necesita mucha disciplina para ir a un gimnasio cuando aún quedan cosas por hacer en casa, algo que parece no acabarse nunca. A veces no te atreves a pedirle a tu pareja que se quede con los niños tres veces a la semana para que tù puedas ir a hacer ejercicio. Si no lo tienes fácil, haz bicicleta o compra videos de ejercicio y hazte el firme propósito. Si tienes servicio de cablevisión en casa –y no es por hacerle propaganda, que conste– ve un programa llamado “Gimnasio a domicilio”. Da un montón de buenas ideas para aprovechar objetos y muebles de uso cotidiano con el fin de mantenerte flexible y en forma. * No te eches a dormir en vacaciones. El relax del no hacer nada te hace bajar la guardia. Además, los lugares para vacacionar están llenos de tentaciones que no te quieres perder. Limítate a hacer tres cosas: a) Come cuanto quieras, pero sin postres dulces. b) Evita el alcohol dentro y fuera de las comidas. c) Compensa con ensaladas lo que comas fuera de casa. Además, aprovecha para nadar, pasear o hacer cualquier ejercicio por lo menos 30 minutos. * Al dejar de fumar. Esa fea costumbre acelera el ritmo metabólico (se queman más grasas), aumenta la sensación de saciedad y en apariencia relaja los nervios. Por eso es normal que al dejar de fumar engordes: comes más. Pero se trata de un sobrepeso natural que podrás quitarte con facilidad con una dieta. ¡Por favor, no fumes para mantenerte en peso! El riesgo de adquirir un cáncer es real.
Eso sí, haz la dieta cuando estés desenganchada del cigarro, pues seguir una dieta y dejar de fumar al mismo tiempo es inviable. Lo que puedes hacer es tener a la mano pepino, zanahorias, fruta con poca azúcar. Otro truco importante es beber mucha agua; ayuda a eliminar la nicotina del organismo y tiene un cierto poder saciante. El ejercicio físico, que tanto ayuda a la hora de adelgazar, tiene otras ventajas adicionales, como relajar los nervios de manera natural, y calmar la ansiedad que provoca la falta de nicotina. 
Siempre que intentes bajar de peso, acude con una especialista; te lo dice una ex gorda que bajó 20 kilos bajo una buena supervisión. |