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¿Para qué quieren tener novio las mujeres?
Luis Buero

Eva está sola y triste engordando frente al televisor, odiando los fines de semana porque sabe que sin la rutina de la oficina, su única distracción será lavar ropa, alquilar una película de Meg Ryan... recorrer sola de brazos cruzados por enésima vez el mismo shopping, mirar alguna exposición loca de artistas under en Recoleta o ir a comer pizza en casa de su prima casada, debiendo soportar las insinuaciones sexuales del marido, Carlos el insaciable, para estar acompañada.
Sólo la consuela un poco rezarle a San Antonio; y algunas noches piensa en suicidarse tirándose por el balcón, cansada de no tener un novio que la mime, pero desiste del acto en cuestión porque vive en planta baja. De golpe ocurre el milagro; visitando a un cliente de la empresa ¡aparece Adán! Eva no lo puede creer, ¿será un sueño? Pero no, luego de años de soledad descubre que lo que tanto pidió, llegó. ¡Albricias! ¡Eva tiene novio! 
Tal vez tuvo otras invitaciones pero nunca se había dado cuenta, porque las mujeres se dividen en dos, las que son y las que se hacen. Las que son tiene baja autoestima y hasta que su Romeo no aparece con el preservativo en una mano y la libreta roja del Registro Civil en la otra, no reacciona. Esta Eva es de esa clase. Pero volvamos a su Adán, con quien realmente comienza a disfrutar del noviazgo. Los primeros fines de semana son un derroche de caricias, paseos, risas, música y guirnaldas. Su alma gris se vuelve colorida como la calle Caminito. Eva logra voluntariamente que el varón que la conquistó se sienta un Moisés que abrió las aguas del antes y del después, el Cid Campeador, el Zorro, Robin Hood, el Chapulín Colorado y el príncipe azul que siempre soñó, la razón de su vida. ¡Verywell!... piensa Adán, "al fin una mujer para la que soy su maná del cielo... ¡y no es mi madre!".
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