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6. Enero 2009

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Juana Belén Gutiérrez de Mendoza

Amalia Rivera

Es, junto con Ricardo Flores Magón y otras figuras relevantes, una de las personalidades históricas con más repercusión en las luchas que se desarrollaron en México a lo largo del siglo XX.

Su vida se desarrolla en prácticamente todos los frentes: el ideológico, a través de la prensa, con encendidos discursos en contra de la dictadura porfirista; la lucha en el mismo frente de combate zapatista, y como precursora del feminismo –al ser una de las primeras voces que exigieron a Madero el voto para las mujeres–, así como reivindicaciones laborales específicas para las trabajadoras.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza nació el 27 de enero de 1857 en San Juan del Río, Durango. Provenía de una familia muy pobre; aun así superó su condición, se instruyó y fue autodidacta. La lectura de Bakunin y Kropotkin, entre otros anarquistas, orientaron su pensamiento dentro de la corriente anarco-sindicalista.
                                                                                                                                  
Juana Belén nada tenía que ver con “el ángel del hogar” que la ideología porfirista imponía como modelo de mujer; ella prefería entablar largas discusiones políticas con el círculo liberal que frecuentaba, encabezado por los hermanos Flores Magón, Camilo Arriaga, Librado Rivera, que tenían como fin el derrocamiento de la dictadura porfirista. No por ello dejaba de ser una mujer con la sensibilidad a flor de piel,  manifiesta en un  libro de poesía publicado en 1900.

En ese mismo año se funda el Partido Liberal Mexicano (PLM) al que se une, acción temeraria porque significaba arriesgarse a sufrir persecución, encarcelamiento o la muerte, dada la cacería de opositores que había desatado Porfirio Díaz.

Escribir tampoco era un oficio tan seguro como bordar, pues la dictadura había acabado con 50 periódicos; no obstante, Juana se inició en el periodismo político a los 22 años. Colaboraba en el Diario del Hogar y en El hijo del Ahuizote, donde escribió incendarios artículos, uno de los cuales le costó su libertad: fue un reportaje en el que describía las condiciones infrahumanas de los mineros de La Esmeralda en Minas Nuevas, Chihuahua. Su encarcelamiento refrendó sus convicciones y tras su liberación fundó el Club Liberal Benitó Juárez  –uno de los más de 100 clubes que brotaron como hongos por todo el país.

Su convicción de la necesidad de una prensa libre para agitar y organizar a las masas la lleva a vender su único patrimonio: unas cabras. Con el dinero pudo comprar la imprenta de donde surgiría Vésper en 1901, revista semanal para la ciudad de México. Ahí germinaron feroces artículos que atacaban a la dictadura porfirista y denunciaban la complicidad del clero. La represión no tardó y el gobierno decomisó la imprenta, pero la mujer logró ocultarse.

Tenía 46 años de edad cuando, en 1903, firmó como primera vocal el Manifiesto del Club Liberal Ponciano Arriaga, pidiendo la libertad de presos políticos y libertad de sufragio, entre otras demandas. Durante el mitin, policías disfrazados de civiles fingieron un alboroto y Camilo Arriaga, junto con Juana Belén, los hermanos Flores Magón y Juan Sarabia fueron recluídos en la tétrica Cárcel de Belén.

A su salida decidió exiliarse brevemente. Cuando regresa, en 1905, reinicia la publicación de Vésper y crea células de obreros alrededor de una nueva organización: Socialismo Mexicano. Escribe además en el diario Excélsior.

A finales de 1907 funda Las Hijas de Anáhuac, grupo conformado por 300 mujeres con ideología anarquista que se reunían los domingos por la tarde. Ya desde 1904 demandaban (por medio de huelgas) mejores condiciones de trabajo para las mujeres. De muchas maneras esta agrupación sentó las bases del artículo 127 de la Constitución Política mexicana (que nacería en 1917), además de desarrollar un amplio trabajo en los clubes antirreleccionistas de Madero. La valentía y capacidad organizativa de Juana Belén sin duda fueron peligrosas en extremo para el status quo; en un intento por desactivarla, Porfirio Díaz la deporta a Estados Unidos.

A su regreso, en 1909, se adhiere al maderismo y funda el club político femenil Amigas del Pueblo y sigue participando con Camilo Arriaga, luego de que las diferencias con el PLM habían aflorado y terminara por dividirse.

El Círculo Ponciano Arriaga organiza un complot que tenía por objeto la rebelión de las tropas en el cuartel de San Diego, en Tacubaya. Esto provocaría, según sus cálculos, la insurrección espontánea de toda la población, lo cual no ocurre. Juana Belén termina en San Juan de Ulúa, adonde eran enviados los presos políticos. Habitaría los oscuros calabozos durante tres años, pero no perdería el tiempo, pues ahí conoce a otras mujeres liberales, también presas, con quienes reconoce la necesidad femenina de organizarse por reivindicaciones propias.

En 1910 Francisco I. Madero había subido a la Presidencia; sin embargo, los anhelados cambios no llegaban, pues se conservó toda la estructura del régimen anterior; continuaban las persecuciones, y también la existencia de presos políticos. En enérgicas cartas, Juana Belén exige a Madero el voto para las mujeres, demanda que el presidente desoye.

Al ver en los hechos el gran abismo entre la causa de Madero y la del  pueblo –ésta  representada por Emiliano Zapata y Francisco Villa–, Juana Belén participa en la elaboración del Plan de Ayala (1911). Para entonces, Juana tenía 54 años de edad. En cuanto se declara partidaria del zapatismo es encarcelada. Apenas salió del presidio, sin asomo de duda se marchó al estado de Morelos, en donde el Caudillo del Sur la nombra coronela; de  inmediato se da a la tarea de organizar el regimiento Victoria. Cuentan testimonios que durante la toma de una hacienda, un insurgente del Ejército del  Sur violó a una mujer: Juana Belén ordenó fusilarlo, como lección.

En 1914 dirige en Chilpancingo, Guerrero, el periódico indigenista La Reforma, y desarrolla arduo trabajo organizativo y político. Para 1916 se le señala como “zapatista convicta” por los carrancistas; estuvo presa diez meses. A su salida funda el Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas y continúa su labor propagandística fundando, en 1919, El Desmonte, con artículos sobre la vida política y sindical.

En 1921 creó en Morelos una colonia agrícola experimental: la Santiago Orozco. Fue colaboradora de Vicente Lombardo Toledano durante su gubernatura en Puebla, y de 1921 a 1922 militó en el Partido Comunista Mexicano.

Juana Belén dirigió el Hospital de Zacatecas en 1922; fue inspectora de escuelas federales en Querétaro y en Zacatecas de 1925 a 1930. En este último año fundó el grupo Indo América, por medio del cual buscaba la unión latinoamericana contra el colonialismo estadunidense. Muchas de esas ideas están plasmadas en su ensayo Por la tierra y por la raza (1924).

Juana Belén tenía 73 años cuando, en 1930, inició la publicación de otro periódico: Alma Mexicana. En 1932 Vésper entró en su cuarta y última época. De 1937 a 1941 fue directora de la Escuela Industrial para Señoritas de Morelia, Michoacán. Durante todos estos años y hasta su muerte, el 13 de julio de 1942, continuó escribiendo artículos periodísticos.

Sin duda, la vida de Juana Belén alcanza la grandeza de la de otros grandes liberales que dieron patria a los actuales mexicanos; sin embargo, es una perfecta desconocida: ni siquiera  figura en los textos de historia de México. Salvo su inclusión en publicaciones especializadas de mujeres, su lucha permanece en el anonimato y su memoria ha sido honrada con apenas una calle de la colonia de Los Periodistas, en la ciudad de México.


















 

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