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8. Septiembre 2008

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Valentina Tereshkova

Amalia Rivera

En los primeros años de la llamada era espacial, la primacía fue de la Unión Soviética: en 1959 sondas automáticas fotografiaron la Luna y se transmitieron las primeras imágenes de su cara oculta. En 1961, la perrita Laika fue el primer ser vivo en llegar al espacio, exitosa misión que permitiría ese mismo año a Yuri Gagarin convertirse literalmente en el primer hombre en el espacio.

Dos años después, en 1963, Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer cosmonauta. Y no sólo eso: dio 48 vueltas alrededor de la Tierra durante tres días, algo que ningún astronauta había hecho. Pero este hecho histórico pasó inadvertido en América Latina, al ser convenientemente ocultado por las agencias noticiosas estadunidenses, que no estaban dispuestas a hablar de los logros que alcanzaba el comunismo. Eran años de guerra fría; sin embargo, la hazaña de Tereshkova, conocida en el mundo como la dama del espacio, ha logrado permanecer, a pesar del tiempo y de la falta de reflectores.

Valentina nació en marzo de 1937 en una familia campesina con tan pocos recursos que la niña asistió a la escuela por primera vez a la edad de 10 años, cuando se trasladó a Volga de Yaroslavl. Siendo una adolescente trabajó como obrera en una fábrica de telas y por las noches estudiaba la secundaria. Valya, como le decían de cariño, era una chica sana, deportista y muy audaz, tanto, que practicaba el paracaidismo en un club aéreo de aficionados.

En diciembre de 1961, una comisión que recorría los clubes con el objeto de seleccionar paracaidistas que prepararía para los vuelos espaciales la eligió, a pesar de que era más joven que otros aspirantes y poseía menos experiencia... y de que era mujer. Sus dotes para el paracaidismo y su extraordinaria resistencia física durante los entrenamientos impresionaron.

Valya aceptó y comenzó a estudiar matemáticas, meteorología, astronomía, física, computación y navegación espacial, y se sometió al entrenamiento físico -el obstáculo más duro- para habituarse a la ausencia de gravedad en el espacio, así como en la práctica de diversos tipos de actividades y en la manipulación de aparatos.

El 16 de junio de 1963, a las 12 horas y 30 minutos, Vostok-6 despegó del cosmódromo tripulado por Valentina, de 26 años, quien tenía como señal \\"gaviota\\" (chaika, en ruso) y su primer mensaje fue: \\"Aquí Gaviota. Veo el horizonte, una banda azul claro. Ahí está la Tierra, ¡qué hermosa es! Todo marcha espléndidamente\\".

Valentina condujo la nave durante 71 horas, es decir, tres días, suficientes para superar en 50% el tiempo general sumado de todos los astronautas norteamericanos que habían circunvolado el planeta. Además de controlar la nave, Valentina estaba atenta al comportamiento del organismo femenino en vuelo espacial. De hecho, existía un programa de largo plazo en el que participarían más mujeres cosmonautas, e incluso una tripulación femenina se preparaba ya para volar en una nave de tres plazas. Sin embargo, el proyecto fue suspendido y, muy a la usanza de los entonces dirigentes de la URSS, el asunto se rodeó de silencio hasta caer en el olvido. Hoy se dice que los resultados no convencieron como para continuar con esto; seguramente hubo otras prioridades y las mujeres decidieron aguardar.

Sobra decir que en 1963 la hazaña de Valentina pasó de noche en México, como en prácticamente todo el mundo occidental, debido a la guerra fría entre Estados Unidos y la entonces poderosa Unión Soviética. Incluso en Europa y Estados Unidos se buscó quitar méritos a la primera incursión de la mujer en el espacio, diciendo que se trataba de un mero \\"acto propagandístico de los comunistas\\". Aunque Valentina se mantuvo al margen de ese debate, señaló posteriormente: \\"Nunca aceptaré el juicio de que el vuelo de la primera mujer cosmonauta fue sólo propaganda. No, porque nos preparamos para ello cabalmente. Llegamos como paracaidistas y nos convertimos en cosmonautas\\".

La jornada laboral comenzaba a las nueve de la mañana. Un grupo de chicas que vivía en el Centro de Preparación de Cosmonautas, prolongaba su preparación más allá de las 15 horas de clases; \\"mientras ellos se iban a descansar, continuábamos con la preparación física y con especialistas de institutos académicos que nos dictaban charlas. Las aspirantes a cosmonautas \\\'girábamos por diez\\\', como denominábamos a las diez unidades de sobrecarga; tu peso de 60 kilos se convertía en 600 en la centrífuga\\".

Sin duda no fue nada fácil surcar el espacio. Mucho se habla hoy de que el Vostok-6 era chatarra, que desde luego no contaba con los adelantos que existen hoy día. Para honor de Valentina, ella soportó dignamente las condiciones del vuelo espacial, cumplió el programa trazado y efectuó 48 órbitas alrededor de la Tierra, del 16 al 19 de junio de 1963.

Cinco meses después de su histórica misión se casó con el astronauta Andrian Nikolaiev, con quien procreó una hija. La \\"bebé espacial\\" fue sometida a numerosos exámenes, dado que sus padres eran astronautas, pero finalmente se comprobó que era normal. Mucho se ha hablado también que el matrimonio fue decidido por el dirigente soviético de entonces, Nikita Kruschov, a quien se le antojó armar un \\"matrimonio cósmico\\". Aunque Valentina nunca ha dicho nada al respecto, años más tarde sobrevino el divorcio.

Después del vuelo, Tereshkova fue nombrada \\"héroe de la URSS\\" -que debiera ser \\"heroína\\", por mínimo respeto al género- y distinguida con la Orden de Lenin. Siguió adscrita al programa espacial; obtuvo rangos militares hasta llegar a general mayor, y se graduó doctora en Ciencias Técnicas y Sociales.

Más adelante encabezó numerosas organizaciones en su país, desde el Comité de Mujeres Soviéticas, hasta el Centro Nacional de Cooperación Internacional y Cultural, adjunto al gobierno de Rusia, y ocupó diversos cDespués de cumplir los 60 años, Valentina dejó el destacamento de cosmonautas y ha recibido condecoraciones superiores por parte de muchos países del mundo. Recientemente fue distinguida por una asociación internacional de Londres como \\"La mujer del siglo XX\\".

Pasarían 20 años para que otra mujer repitiera esa hazaña: en agosto de 1982 otra rusa, Svetlana Savitskaja, viajó en la nave Soyuz T-7. Al siguiente año lo intentaría la primera estadunidense, Sally Ride, a bordo del transbordador Challenger, que explotó en cuanto despegó.

37 años después de haberle abierto a las mujeres el camino al espacio, la vida de Valentina Tereshkova -a quien se le conoce también como Mirlo blanco- ha inspirado a muchas mujeres, pero también leyendas y no pocas invenciones de las que ha procurado mantenerse alejada. Muchos periodistas han buscado explicarse el carácter introvertido de Valentina refiriéndose al sobado prejuicio machista: \\"No superó el estrés psicológico y las sobrecargas físicas, porque es mucho para una mujer\\". Afortunadamente, no todos los varones tienen prejuicios similares. Hace poco el reconocido biólogo Anatoli Grigoriev expresó: \\"Ella es una mujer fuerte, de sorprendente voluntad, que tuvo problemas, como la mayoría de las personas que realizan por primera vez un vuelo espacial. No era piloto, pero estaba bien entrenada. Afrontaba y resolvía exitosamente muchos problemas. Crear en torno a esto un problema es indigno e indecente\\".

Si bien se conoce muy poco de la vida privada de Valentina, quien hoy tiene 65 años, lo cierto es que mientras los astronautas varones gozan de fama, escriben libros, entran y salen de clínicas para superar su alcoholismo, y dan entrevistas sobre sus glorias pasadas, ella continúa mostrando resistencia y tenacidad en el trabajo diario como defensora de la causa feminista.
argos en el Comité Central del Partido Comunista.















 

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