|
|
 |
|
 |
|
Califica
¿Recomiendas este
artículo a otr@s lector@s?
1 = Ni pensarlo
5= Claro que sí |
|
|
Mudanzas que integran familias
Copelia Avellaneda
Hace aproximadamente año y medio falleció mi mamá. Más allá del enorme dolor por la pérdida, de pronto mi hermana y yo nos vimos envueltas en una vorágine de trámites de todo tipo que debíamos realizar, sin haber superado el estado de depresión y consternación que una situación como ésta implica. Resignadas ante lo inevitable, caímos en cuenta de que lo más difícil aún estaba por iniciar: qué haríamos con la casa que ella habitaba. Mi hermana radica en otra ciudad, por tanto no le interesaba regresar a esa casa... Decidimos que fuera yo quien me mudara a ella. Hasta entonces yo vivía en un departamento, y mi pareja (con una de sus hijas) en otro. Lo platicamos y decidimos aprovechar esta coyuntura para finalmente vivir todos juntos. Hasta ahí todo parecía una feliz idea y sin embargo... para lograr este objetivo hemos tenido que aprender a dialogar y a negociar, adecuando la casa a nuestros gustos y necesidades. Por otro lado y en la medida que todos somos amantes de los animales, teníamos el reto de unir también a nuestros gatos (nueve en total). De la noche a la mañana, de vivir de manera independiente teníamos una familia de tres miembros humanos y nueve gatunos, más un mundo de cosas por organizar. * * * En primera instancia nos enfrentamos al dilema de habitar prácticamente tres casas, armadas de todo a todo, y decidir qué cosas queríamos conservar, dónde colocarlas y qué hacer con lo que no nos interesaba (o, por razones de espacio, no podíamos) conservar. Esto que suena tan simple implicó varias semanas de arduo trabajo para realizar una “clasificación”. Como resultado salió una lista enorme de muebles, aparatos electrodomésticos, televisores, muebles de todo tipo y estilos... Ahí empezó la parte más complicada: cada uno deseaba conservar la gran mayoría de los muebles y adornos que había adquirido a lo largo de su vida (por algo los habíamos elegido). Entramos en un largo periodo de negociación, en donde afortunadamente prevaleció el ánimo de lograr que todos nos sintiéramos tomados en cuenta y viéramos a la casa como nuestro nuevo hogar. Importante para lograr este sentido de “pertenencia” fue involucrarnos en la remodelación de la casa, escogiendo los colores, la decoración, y participando con trabajo físico: pintando, moviendo cosas y muebles, clasificando enseres... ¡uff! He de reconocer que para mí esta parte resultaba más fácil pues buena parte de mi vida había transcurrido en esa casa. Para mi pareja y su hija podía representar que ahora viviríamos en la casa de "mis padres”, cosa que era lo último que queríamos sentir, pues el producto de nuestro esfuerzo sería tener un hogar para los tres. Un elemento importante en la negociación se dio por la vía de asignar áreas de la casa en donde cada uno tenía libertad de decorar a su aire. Por ejemplo, nuestra hija podía decorar su recámara enteramente a su gusto, así como el cuarto designado para las visitas y el espacio para ver televisión…. A mí me tocó la cocina, nuestra recámara y algunas áreas comunes. A mi pareja el estudio, el jardín y otras recámaras para usos varios. De todas formas, todos opinamos y participamos en el estilo y decoración de la casa en su conjunto. * * * La parte más conflictiva para mí estribó en deshacerme de muchas cosas que, por más que les tuviera afecto por los recuerdos que me traían, no eran del gusto de los demás o no iban bien con la nueva decoración que queríamos tener. Para ellos, de igual forma, significó tener que prescindir de muchas cosas que tenían y que de igual manera por diferentes razones no podíamos conservar. Fue complicado enlistar las cosas que íbamos a vender, pues implicaba hacer de lado el valor estimativo y tratar de poner un precio atractivo para los posibles compradores. Sobra decir que entre la lista, la definición de los precios y la venta de garage nos llevamos un buen número de fines de semana. Si esta situación es difícil en una familia tradicional, lo es más aún cuando se habla de una familia nueva cuyos integrantes deben adaptarse a las necesidades y costumbres de todos, en donde lo único que podía mantenernos unidos era exactamente nuestra decisión de vivir juntos, en una ambiente de cariño y respeto para todos. Finalmente lo logramos y hoy vivimos en un hogar hecho por los tres a partir de una mudanza originalmente anunciada como calamitosa. * * * He querido compartir contigo esta experiencia para resaltar los puntos que nos han ayudado a realizar este sueño. Si en algún momento te ves en una situación similar, recuerda que hace falta mucho cariño, determinación, organización y trabajo de todos para lograr la meta. ¡Y por supuesto que sí se puede!
|