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29. Agosto 2008

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El reto de las familias reconstruidas

Luz María Rodríguez Ensuástegui

Hoy en día es muy común que un hombre y una mujer sobrevivientes de un divorcio o separación, y con hijos pequeños o adolescentes, contraigan nuevas nupcias o vivan en unión libre con alguien que está en condiciones muy similares.

El romance en un inicio parece ser fuente de motivación y alegría. Ambos ya saben lo que buscan y necesitan:

amor, comprensión y amistad

Cuando las cosas van funcionando bien y existe un sincero deseo de formar una familia estable, los proyectos parecen ideales, saturados de buena intención y éxito garantizado.

En este artículo no hablaré de aquellas parejas para las que los fines utilitarios y egocéntricos son el principal motor de su unión; ellas están destinadas al fracaso. Lamentablemente, sus niñas y niños saldrán muy heridos, inestables emocionalmente, frustrados y agotados.

Hablemos hoy de aquellas parejas en donde la falta de claridad en el qué hacer, en el cómo hacer y en el por qué hacer, manda al fracaso intentos verdaderamente sanos y sinceros de reconstruir la dicha, y agotan la esperanza de llegar a ser una familia estable.

Revisemos algunos problemas básicos:

- Cuando no hay comunicación sincera entre los padres acerca de lo que no les gusta o no les parece correcto del método de crianza del uno o de la otra sobre sus propios hijos y sobre los adoptados, el fracaso y las heridas emocionales se comienzan a cocinar.

- Cuando los límites para unos hijos son rígidos y para los otros son holgados, igualmente se comienza a sembrar la injusticia, la incomodidad, la incomprensión y la falta de autoridad legítima.

- Cuando falsamente se privilegian la paternidad o la maternidad por encima de la relación de pareja, se comienza a desconfiar, a sembrar ira y resentimiento; los nuevos cónyuges pueden caer en la tentación de tomar venganzas.

- Cuando no se solucionan los enojos en la pareja y se toma a los niños como depositarios y pagadores de sus frustraciones, el vínculo amoroso entre la familia sufre un fuerte bloqueo, con peligro serio de sucumbir.

- Cuando un miembro de la pareja no le permite al otro ser padre o madre sustituta, es decir: ejercer autoridad legítima sobre la vida y la conducta de sus adoptados, se bloquea la auténtica convivencia como familia.

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