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El placer de cocinar
Copelia Avellaneda
Hace poco me propuse ordenar el cuarto que hace las funciones de bodega y almacén, al cual van a parar todas las cosas (viejas y nuevas) que no queremos tirar y que, creemos, utilizaremos más adelante (¿te suena familiar?).
En esas estaba cuando encontré, entre una pila de libros, uno que por su apariencia añeja llamó poderosamente mi atención. Resultó ser la cuarta edición del libro Recetas prácticas PARA LA SEÑORA DE CASA (así, con esas mayúsculas y minúsculas), impreso en Guadalajara, México, en 1895. Ignoro cómo llegó hasta allí, pero me sorprendió ver que, a pesar de su edad, estaba bastante bien conservado y las páginas se leían con facilidad. Como me gusta cocinar, pensé que era un hallazgo afortunado. Enseguida me puse a leerlo y a revisar las recetas. En la segunda página encontré esta Advertencia: “Hemos incluído recetas para todos los gustos y para todas las fortunas. Pero aun en esa variedad hemos procurado no poner aquellas que son propias de fondas, hoteles o casas de huéspedes, sino exclusivamente para familias, por ser a ellas a quienes este libro está dedicado”. Me quedé reflexionando en estas líneas y a medida que recorría las páginas y revisaba las recetas, me di cuenta de la importancia que se le daba antaño a la preparación de los alimentos para la familia y los amigos, pero sobre todo, al enorme placer con que se hacían los más variados guisos.
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