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¿Por qué algunas relaciones son insanas?
Consumer.es
Emparejarnos y compartir la vida con otra persona responde a la necesidad que tenemos de ser amados y reconocidos, de comunicarnos afectivamente y vincularnos con alguien. El encuentro con la otra persona tendrá dificultades para prosperar si antes no nos consideramos libres, responsables y únicos. Elegir con quien hacerlo es importante, y elegir bien fundamental. Al fijarnos en alguien estamos respondiendo a un estímulo de atracción.
Físicamente nos gusta, aunque eso es sólo el primer eslabón de una cadena de cualidades y factores que se van tejiendo, hasta que se formaliza el vínculo. Pero hay que tener muy presente que ese vínculo será más sano y maduro cuando "nuestra relación" con nosotros mismos sea buena. Esto es, para elegir pareja, nos encontraremos en un punto de partida más adecuado si nos conocemos, si nuestra autoestima no está por los suelos, si somos más o menos conscientes de nuestros límites y, por tanto, gozamos de libertad para decidir. Amar es vincularse, no aferrarse El encuentro con la otra persona tendrá dificultades para prosperar si antes no nos consideramos libres, responsables y únicos. Si no es así, lo más probable es que se establezcan dependencias insanas debido a nuestras carencias afectivas. Si no nos amamos, será más difícil que aceptemos el amor que nos ofrecen. Sucede como cuando se recibe un piropo: quien no está a gusto con su cuerpo no lo agradecerá ni se lo creerá, e incluso no lo tolerará. Si no nos mostramos como somos y no nos comunicamos, la otra persona no puede enterarse de nuestra existencia real y leernos el pensamiento, y sólo logrará devolvernos la invisibilidad que proyectamos.
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