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¿Cuántos chakras hay?
David Cuk

enarmonia.com El cuerpo del ser humano depende, para su funcionamiento, de recibir energía a través de un sistema energético propio que realiza las funciones de canalización, transformación, filtrado y distribución de energías. Dicho sistema se encuentra conformado por fuentes denominadas chakras, de los cuales habitualmente se habla de tan sólo siete. En realidad, esos siete chakras son considerados como los principales o superiores, pero existen muchos más. La totalidad de ellos supera el número de 400, y por lo general se los considera menores, y en muchos casos se los desconoce, sin embargo son también necesarios e importantes principalmente en el sistema de distribución de energía. Para realizar un buen diagnóstico es esencial la medición y chequeo de los centros o chakras de acumulación, que son aquellos donde confluyen los encadenamientos energéticos menores y que actúan como tanques abastecedores o de acumulación energética, y en ocasiones proveen energía extra a los centros principales o trabajan procesando como filtros o catalizadores de energías de menor magnitud, las cuales resultan muy importantes y necesarias. Por esta razón, el método de medición, que utiliza nuestro equipo de trabajo, se basa en el estudio particular de unos 30 chakras, con el cual elaboramos un patrón o esquema dinámico del movimiento energético particular del paciente que nos permite “observarlo” con mucho más detalle que con el sistema simplificado y establecer cuales serán los mejores complementos naturales para restaurar el óptimo funcionamiento vibracional. No por pequeños o dificultosos para ubicar deben ser desdeñados o pasados por alto, su influencia es importantísima para determinar la solución a muchos procesos energéticos que fallan y que nos hacen fallar como seres humanos en los más diversos aspectos de nuestra vida y nunca sabemos porqué. Aunque sea muy habitual, hoy en día, a vivir dentro de un mundo sistematizado en el cual los análisis y diagnósticos reflejan valores numéricos, la gran mayoría de los profesionales tan sólo se dedican a interpretar estos valores según las tablas que una vez aprendieron. Y son muy pocos, aquellos que, verdaderamente se interesan en “escuchar”, “ver”, “sentir” al paciente que tienen delante y evaluar de un modo diferente, más amplio, más completo, y ¿por qué no? mucho más intuitivo todas aquellas señales que se describen, parecen absurdas, se minimizan o se descartan. Síntomas tales como: malestares sin causa o razón aparente; errores de pensamiento, de cálculo, de movimiento; bloqueos emocionales, de sensibilidad o afecto; falta de deseo, en cualquier área de la personalidad; elección errónea en la toma de decisiones importantes; inconvenientes con las relaciones sentimentales, y muchas otras perturbaciones, pueden ser causa de desajustes energéticos. Es por ello que, más allá de encontrar cual es la perturbación en el plano energético que hay que “reparar”, también resulta absolutamente necesario localizar el origen que lo provoca. Es decir, hay que establecer si es debido a factores propios e interiores del individuo, si tiene raíz en los sitios que habita o concurre, si es producido por incompatibilidad con la energía de terceros, o si resulta como producto de algo provocado (comúnmente denominado “trabajo”). A nivel práctico todos los procesos desencadenantes, también llamados negativos, son reversibles, la dificultad depende del tiempo o antigüedad que lleven actuando y del tiempo que se disponga para neutralizarlos. Sin embargo, una consulta especializada realizada a tiempo puede marcar diferencias significativas en cómo se vive hoy y mejorar su vida a futuro, evitar daños mayores y comenzar a disfrutar aspectos que tal vez nunca contempló. Vivir mejor es posible. Atrévase a intentarlo, seguramente se sorprenderá
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