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Fenómenos histéricos
Montse Arboix
Consumer.es Aunque sin causa física que los explique, los síntomas histéricos son auténticos y obedecen a mecanismos asociados a la vida emocional
El trastorno de conversión, conocido popularmente con el término de histeria, es una categoría que oscila entre dos especialidades clínicas: la neurología y la psiquiatría. Hasta ahora, desde la primera no se han hallado explicaciones físicas para los síntomas que presentan los pacientes y desde la psiquiatría tradicional no se encuentran suficientes respuestas científicas. El libro Histeria: una perspectiva neurológica analiza estas cuestiones y proporciona pautas para favorecer el conocimiento de este trastorno y mejorar la atención al paciente. Los fenómenos histéricos en el hombre también existen aunque la palabra histeria se haya asociado desde tiempos remotos con el útero de la mujer. Procedente del griego hyaterá (matriz), el término ha alcanzado popularmente connotaciones peyorativas. Por este motivo, en las ediciones más recientes de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) se la denomina trastorno de disociación o de conversión y, desde la American Psychiatric Association, trastorno somatoforme. Sea cual sea el término que se use para caracterizar este síntoma, que no enfermedad ni síndrome, una de las cuestiones que se plantean es la necesidad de analizar los rasgos que permitan estudiar la naturaleza psicogénica de determinados síntomas neurológicos. En ello se centra la reciente publicación Histeria: una perspectiva neurológica, de Santiago Giménez-Roldán, jefe del Servicio de Neurología del Hospital General Gregorio Marañón de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Neurología y miembro de la Word Federation of Neurology y de la Movements Disorders Society. Interpretación neurobiológica Los fenómenos histéricos existen en la práctica clínica diaria y obedecen de forma necesaria a algún mecanismo cerebral. Las nuevas técnicas neurofisiológicas y de neuroimagen empiezan a explicar aquellos factores que hasta ahora no eran conocidos, las áreas cerebrales que se ocultan bajo las emociones. Con la tomografía por emisión de positrones (PET, en sus siglas inglesas) se ha descubierto que las áreas cerebrales activadas por emociones o a consecuencia de estímulos del exterior difieren de las impulsadas por pensamientos y memorias con gran potencial emocional. En el caso de las primeras, se activa, sobre todo, la corteza prefrontal medial y el tálamo, así como la amígdala, el hipocampo y el hipotálamo; en las segundas, en que la tensión es generada por el mismo individuo como sentimientos de profunda tristeza, se activan las áreas profundas de la superficie lateral del cerebro. A partir de aquí, los expertos han podido interpretar que los fenómenos conversivos no obedecen a ningún mecanismo neuronal sino que, por el contrario, la culpable sería una determinada patología en circuitos nerviosos específicos.
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