Cuando mantenemos vivo un sentimiento negativo durante mucho tiempo, significa que nos afectó profundamente y que podría ser equiparable físicamente a un trauma, desgarre o golpe que deja cicatriz y que puede o no quitarse, en función del tratamiento y cuidado que se tenga.
En todo caso lo importante es destacar que puede quedar un rastro dañino en nuestro organismo, que si no se detecta afectará el resto de nuestras vidas. En el plano mental y emocional le llamamos resentimiento y es posible que no sea notorio, o que solamente lo detecten personas que han convivido con nosotros mucho tiempo, pero los únicos que podemos saber a ciencia cierta si lo tenemos o no, somos nosotros mismos.
El resentimiento se produce por algo que se vivió en el pasado como abuso, vejación, agravio u ofensa, y lo traemos al presente, independientemente del tiempo que haya pasado y si la situación, persona o personas que aparentemente lo causaron, lo hayan hecho realmente. Al traerlo al presente suelen generarse sentimientos de amargura, coraje, impotencia, frustración o ira.
En ocasiones puede tratarse de actitudes por parte de algún familiar (padre, madre, hermanos o equivalentes), que se fueron acumulando sin saber claramente si nos llegaríamos a resentir y del grado que nos afectaron durante nuestra niñez o adolescencia; pero que externamos o comentamos cada vez que alguna situación nos lo recuerda.
En este caso puede no ser tan dañino mantener este resentimiento, como aquellos que nunca comentamos o que preferimos ocultar o evadir, pero igual nos afectan mientras los mantengamos vivos, mientras los traigamos al presente. Sólo se puede hablar de haber superado un resentimiento, cuando al recordar el suceso o vivencias que lo ocasionaron, no evoque o provoque alguna emoción o sentimiento negativo en el presente.
Cuando nos quejamos con cierta frecuencia, seguramente existen resentimientos que crean un estado propicio para la queja, pero también la queja es una forma de alimentar el ego; necesitamos hacernos presentes, ser notados y si no lo logramos por una vía positiva, pues el ego buscará la forma de hacerse notar aunque sea en forma negativa. El punto es que necesitamos ser tomados en cuenta, que se nos considere y si es posible, que se nos apapache, ya que por algo nos estamos quejando.
Una de las formas más comunes es la queja por lo que nos hizo o no nos hizo, por su actitud, por su indiferencia, desconsideración, negligencia o deshonestidad. Y si la persona o personas con quienes nos quejamos nos dan la razón, más se alimenta el ego, pues si hay algo que le fascina, es tener la razón, sentirse superior, ubicarse por encima de los demás.
Sin embargo, si las personas de las que siempre hemos esperado reconocimiento y atención, nos ignoran suelen presentarse dos situaciones en quienes tenemos un perfil dependiente: en la primera, tendremos motivos para disfrazar el resentimiento y la queja, mediante la indignación, que es una forma de enojo que puede llegar hasta la ira, porque sentimos y creemos que se justifica, lo cual nos permite demostrar arrojo y valentía, forma muy socorrida en nuestra cultura para alimentar el ego. En la segunda, tendremos motivos para caemos, para apachurrarnos, para victimizamos y así lo menos que podemos esperar es que nos apapachen, es decir que alguien nos comprenda, nos considere y atienda en los términos que demanda el ego.