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Conservando hierbas de olor
Lourdes Hernández Fuentes
El otoño convierte los verdes en amarillos, oros, ocres, colores crepusculares… Los mercados que ofrecían toda clase de verduras y hierbas frescas para cocinar, comienzan a padecer los cambios de estación. ¿Qué podemos hacer para conservar esos condimentos que nos regalan frescura, aroma, calidez? Existen varias maneras: - Congelando: Se pueden picar las hierbas. Una vez que estén limpias se congelan en cubitos de agua o de caldo. También se pueden congelar entre hojas de papel absorbente, sobre todo las hierbas de hojas grandes, como la salvia.
- También se pueden conservar en aceite o en vinagre, de ser posible en recipientes opacos, para que la luz no llegue a ellas.
- En sal: alternando en un recipiente, capas de sal y de hierbas. La proporción sería una parte de sal por cuatro partes de hierba.
- Secando hierbas frescas al calor del sol, pero sin sol directo, o cerca de una estufa. Las hierbas se secan sin lavar, atadas en pequeños ramos y colgadas boca abajo. Hay que tener cuidado de que no se toquen unas a otras. Cuando se usan hierbas secas en la cocina, hay que tener en cuenta que una cucharadita de té de hierbas secas equivale a tres de hierbas frescas. También conviene añadirlas a la comida en los 10 últimos minutos de cocción, para que el calor haga que desprendan su aroma. Para desmenuzar hierbas secas, se puede utilizar un rodillo de pastelería, y luego se guardan en tarros de vidrio herméticos.
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