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8. Septiembre 2008

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estás en: sexo y amor / infidelidad / La casa chica

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La casa chica

¿Quién no tiene una amiga,
una compañera de trabajo
, o sabe de alguien que mantiene una relación con un hombre casado, viviendo en un triángulo amoroso? La historia siempre es la misma: a pesar de las reiteradas promesas, él sigue casado y no mueve un ápice para divorciarse, porque lo real es que no quiere divorciarse. Más aún: con frecuencia la esposa legítima siempre está en primer plano y no pocas veces hasta colocada por él mismo en un altar, mientras "la otra" termina relegada, siempre en el patio trasero, lo que va ahondando conflictos...

En ocasiones, este tipo de parejas se institucionaliza y llega a procrear hijos, pero conserva la misma situación de amasiato o concubinato. En México, a este arreglo conyugal y familiar se le conoce popularmente como la casa chica y el tema ha inspirado películas, canciones y muchos chistes, aunque quienes viven esta situación no les encuentren la gracia.

Algunas mujeres manifiestan que no les incomoda saber que ellos tienen otra pareja o que están casados, pero llama la atención que en muchos casos esta situación constituye el "atractivo" central. Es como si la rivalidad (real o fantaseada) con "otra" mujer pusiera un placer extra en la relación.

Por supuesto, estamos hablando de situaciones en las que se establece una nueva relación más o menos en forma, y no de una aventura sexual o amorosa que involucra a tres personas ocasionalmente.

Los triángulos amorosos suelen ser riesgosos para sus integrantes, pero con frecuencia son las mujeres quienes peor se ubican en ellos, porque están más vulnerables; la falta de independencia económica, por ejemplo, siempre es un talón de Aquiles, sin descontar la absoluta dependencia emocional, que también se da.

 

Algunas ciberamigas nos han comentado que no les va tan bien como desearían, máxime que su pareja parece no asumir responsabilidades ni compromisos. En otras ocasiones, la posición es tan incómoda que con frecuencia se quedan solas largas temporadas, expuestas al abandono o a la violencia. Sin duda muchas de ellas tienen una autoestima muy baja, que no les permite valorarse como seres humanos con todos los derechos, incluyendo el de ser amadas sin tapujos, plenamente.

A quien le incomode vivir en un triángulo similar, les vendría muy bien hacerse un par de preguntas: la primera es si su situación tiene que ver o no con una baja autoestima. La segunda es si se está haciendo cargo de sí misma, asumiendo su situación responsablemente, con los sinsabores que conlleve. Las respuestas siempre abrirán nuevos caminos.















 

Activ@Mente