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Gabriela Noriega

Nutrióloga Certificada Todos sabemos que ejercitarse diariamente es un hábito sumamente positivo, pero con todo y todo, nos inventamos miles y miles de pretextos para no hacernos un espacio antes o después de las horas laborales o de oficina, o para no movernos de la comodidad de nuestro hogar. El ejercicio ayuda a:
Movilizar el sistema digestivo, ayudando en la evacuación frecuente y regular de las heces fecales
Fortificar los huesos (previniendo la aparición de osteoporosis)
Fortificar el corazón, el sistema circulatorio y los pulmones
Tonificar los músculos (sobretodo los de brazos, piernas y glúteos) para que luzcan firmes y se mantengan en su lugar
Entonces... ¿Por qué no comenzar mañana mismo a hacer aunque sea un poco de caminata? Por poco que sea lo que dediques de tiempo al ejercicio TE BENEFICIARÁ Si apenas estás empezando un nuevo programa de ejercicio o acabas de decidirte en este preciso momento a comenzar con alguna rutina específica y padeces obesidad (o algún otro padecimiento como algún problema del corazón), haz que tu médico te realice una prueba de tolerancia para ayudarte a establecer tus propios límites. Comienza de una forma gradual, como por ejemplo, caminando lentamente al principio y aumentando poco a poco la velocidad hasta alcanzar un ritmo tipo “caminata”. No esperes resultados fantásticos en tu desempeño de la noche a la mañana. Tu nivel de acondicionamiento al ejercicio debe ser también gradual y dar resultados a partir del tercer mes de haber empezado tu rutina de ejercicio ¡Si estas haciéndolo de forma consistente, claro!
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