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20. Noviembre 2008

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Atrévete a cambiar

Gabriela Noriega

Nutrióloga certificada

Todo cambia, todo el tiempo se están dando innumerables procesos de cambio en la vida y en el universo sin que nosotras ni siquiera nos percatemos, entonces ¿Por qué en ocasiones te asustan tanto los cambios?

Probablemente es el miedo a lo desconocido, o a no saber qué te deparará esa importante decisión de cambio que tomaste. Finalmente, ¿Será miedo a tropezar o a errar el camino? En realidad, lo que te asusta es esa idea fija y preconcebida de que algo malo va a suceder (o de que las cosas no van a salir bien o como tu estas esperando), esa idea de adelantar acontecimientos negativos ante la incertidumbre, y por eso mismo, como círculo vicioso, el inhibidor más grande de los cambios está dentro de ti misma.

Definitivamente, lo mejor es aceptar el cambio con naturalidad, ya que si te quedas bloqueada o paralizada es un hecho que vas a perder más de lo que imaginas: experiencia, nuevas posibilidades y oportunidades, y ese agradable sabor de saber aprovechar los cambios.

Bien, y ¿a qué se debe todo este repertorio introductorio? Te podrás imaginar que como nutrióloga estoy creando el preámbulo para hablar sobre un cambio muy concreto: el cambio de tus hábitos.

¿Y si lo hacemos más concreto todavía y hablamos de un “Cambio de hábitos alimenticios”? Dicen los expertos que para aprender un nuevo hábito, uno debe repetirlo MÍNIMO de 150 a 200 veces. Entonces estamos hablando de hacer “dieta” y/o de hacer ejercicio 150 a 200 días corridos (5 a 7 meses en promedio) para lograr modificar los malos hábitos… ¡Eso suena a imposible!

Así como hacer ejercicio diariamente es un hábito, desayunar diariamente es un hábito, comer de más es un hábito, usar la comida como un apoyo emocional es un hábito, comer una dona en lugar de una manzana es un hábito y aprender a cocinar platillos más saludables también es un hábito.

Bien sea por estética, o por salud, mensualmente, decenas de mujeres deciden hacer un cambio y comenzar un tratamiento para bajar de peso, sin embargo, la realidad es que entre el 80 y el 95% de todas ellas finalmente abortan su cometido, y si bien lograron reducir algo, lo recuperan al paso del tiempo. 

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