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Alejandra Rullán
A toda frutita le llega su fiestecita. Hoy le toca el turno a una que se encuentra en cualquier mercado y cuyos efectos en la salud resultan maravillosos. Afortunadamente se ha vuelto a poner de moda, cosa benéfica por donde se le vea.

Durante añales, la humilde papaya presidió los desayunos domingueros en casa. Por qué exactamente los domingos, todavía no me lo explico; durante el resto de la semana no faltaban las frutas como postre o entre comidas. Pero papaya: domingos, y punto. En mi recuerdo, el fruto encontró un significado armonioso, probablemente porque el día feriado propiciaba la reunión familiar. No dudo que sus propiedades abonaran esa imagen. Con el paso del tiempo, diversos estudios han descubierto que se trata de un fruto increíblemente benigno, lo que ha provocado un verdadero boom. El papayo es una planta tropical originaria de América, y se cultiva en todas las regiones cálidas del mundo. Su fruto se consume de muy variadas y deliciosas formas. Contiene un compuesto llamado papaína que favorece la acción de los jugos gástricos estomacales, funcionando como eficaz digestivo, ayudando a prevenir malestares a largo y a corto plazos, y combatiendo el temible estreñimiento. La papaya es también un digestivo que adopta esta propiedad al ingerirse con los alimentos principales; es un suave laxante si se consume en ayunas. Además de ser una delicia, aporta importantes beneficios a tu organismo y puedes consumirla con la frecuencia que desees, ya que es baja en calorías, no contiene grasa, es rica en fibra y en sustancias antioxidantes como Vitamina C y betacaroteno.
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