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Brisas de renovación
Luis Buero

Mientras en el hemisferio boreal entramos en el otoño –¿o es que él entra en nosotros?–, en el austral estalla la primavera. Nuestro autor, argentino hasta la médula, comparte sus aspiraciones sobre la llamada estación de la esperanza.

Ha vuelto la primavera provocando su habitual revolución en las hormonas de la gente, generando paseos agradables por los bosques, ganas de volver a tomar sol a toda hora. Ella representa el tiempo del renacimiento. Así lo entendió la mayoría de las religiones antiguas. Para los griegos, Perséfone era la diosa de la eterna primavera. Sobre ella se tejen varias leyendas, todas relacionadas con el reverdecer de la Tierra. Apabullado por esta brisa de renovación, anoche me ilusionaba pensando que durante esta primavera 2004 podían llegar a suceder cosas milagrosas a nuestro alrededor. Por ejemplo, sería lindo: 1. Que los piqueteros en vez de cortar las calles las llenaran de flores, facilitando las señalizaciones de canteros y curvas, cantando durante el trabajo el Himno a la alegría. 2. Que las entidades bancarias aprovecharan estas coloridas fechas para volver a ser creíbles, devolviendo los depósitos en dólares que retuvieron congelados, a sus dueños, dentro de una fina canasta de frutas secas y en la moneda original en que les fue entregada la suma de dinero. 3. Que los novios recientes se animaran a concretar su “primera vez” en algún lugar romántico. Y sería ideal que durante los próximos tres meses las parejas ya constituidas sólo fueran capaces de decirse “te amo” cuando realmente lo sintieran. 4. Que la mente de algunos empresarios pudiera abrirse como las ventanas en esta estación y declarar un “gracias por el esfuerzo” a todos sus subordinados, con un abrazo o un aumento de salario, sin esperar a que un ministro lo autorice.
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