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20. Noviembre 2008

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¿Tus hijos ya te tomaron la medida?

Copelia Avellaneda

Una de las principales preocupaciones de madres y padres es, desde luego, dar una buena educación a su prole. Sin embargo, el término "buena educación" es subjetivo, pues no hay ningún manual ni curso que nos permita definir con total exactitud a qué nos referimos y mucho menos cuáles son los valores y conocimientos que harán de ellos seres felices y útiles a sí y a los demás.

En lo que creo que todas estamos de acuerdo es en no permitir pataletas a diestra y siniestra porque, lejos de formarlos, les deja enseñanzas equívocas, como que podrán lograr todo con sólo gritar y llorar. Además les dará nulas armas para enfrentar la inevitable frustración cuando crezcan. Imagina a tu hijo de 15 años haciendo una pataleta monumental en la escuela cuando reciba una mala calificación... Patético, ¿no?

Hoy quiero hablar de los comunes berrinches. Creo que todas las mamás los hemos vivido, ¿verdad? Te paso algo de una experiencia prestada que, cuando trato este tema, me gusta contar pues ilustra a la perfección lo correcto y lo equivocado.

Cuando pequeña, mi sobrina había adquirido la práctica de hacer berrinches fenomenales cada vez que sus padres o abuelos no le daban lo que quería. El berrinche consistía en que, después de llorar a mares, gritar desaforadamente, patalear, arrastrarse por el suelo etc., amenazaba ¡con dejar de respirar! Y así lo hacía.

Puedes imaginar la tribulación de sus padres al verla enrojecer y enrojecer... terminaban cediendo y dándole gusto.

Preocupados y cansados de esta conducta, mi hermano y su esposa acudieron al psicólogo para que los orientara. Cual fue su sorpresa al escuchar que el médico les sugería lo siguiente: "la próxima vez que la niña presente esta conducta, la dejan que continúe, sin acceder a complacerla". Desde luego, pusieron el grito en el cielo: ¿cómo iban a permitir que su hijita muriera asfixiada?

El médico les explicó que, aún en el peor caso -que la niña llevara la situación al límite-, lo peor que podría ocurrir sería que perdiera el conocimiento y en ese instante volvería a respirar de manera automática, pues esta función no podemos "deshabilitarla" de manera consciente hasta el punto de ocasionar la muerte (es más, ni siquiera al punto de ocasionar algún daño a su salud). Una vez restablecida la respiración, deberían meterla a la regadera y volverla en sí aplicándole un buen baño de agua fría.

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