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Adiós, valiente Katherine
Esmeralda Figueres
A la joven generación pudo resultarle excesiva la tristeza de algunas mujeres mayores al enterarse de la muerte de Katherine Hepburn. Para las chicas chicas es esta nota.

Katherine fue una de las mujeres más valientes y talentosas que ha dado Hollywood. Luego de ganarse a pulso su gran sitial en el cine y en el teatro, hace unos días falleció. Tenía 96 años y ya no le quedaba nada por hacer; había roto estereotipos sobre la belleza femenina, había animado a millones de mujeres a usar el pantalón como prenda diaria, no había respondido sumisamente al mandato de tener hijos a como diera lugar y, para colmo, había sido la amada amante de un hombre casado durante más de 26 años. Pelirroja de cara angulosa y llena de pecas, Katherine fue advertida, al iniciar su carrera, que su tipo no gustaría al público estadunidense, acostumbrado a las bellezas rubias y voluptuosas, generalmente carentes de talento. La profecía se estrelló con 43 películas y cuatro premios Oscar, éxito que ninguna actriz de aquel país ha podido alcanzar. Katherine nació el 12 de mayo de 1907 en el seno de “una familia hermosa”, según dice en sus memorias: “Papá era médico, mamá maestra y además era la presidenta de la Asociación Sufragista Femenina de Connecticut y solía dar discursos muy comprometidos en favor de las mujeres. Eran personas muy progresistas, gente amable, divertida, con ideales muy altos”. Seguramente su gran sentido del histrionismo nació entonces. Encarnó un tipo de mujer muy particular en la industria hollywoodense, acostumbrada a barrer con todo intento de libertad e inteligencia, especialmente entre las actrices. Ella platicaba que nunca se sintió obligada a hacer cosas ni a actuar de acuerdo a los convencionalismos de la época. Esa forma de ser provocaba rechazo y críticas. Generalmente usaba pantalones, era independiente, manejaba su propio auto, aprendió a volar y se movía con mucha libertad por el mundo. En ese sentido fue adelantada a su época. “Siempre me sentí una mujer dueña de hacer lo que quería”, aseguraba. En 1928 se casó con Ludlow Smith, un aristocrático norteamericano que hizo todo lo posible para que ella fuera feliz. “Fue un gran hombre, una persona excepcional. Sin embargo yo no lo quise de la misma manera. Para mí, en esos años lo único importante era mi carrera y cuando el 4 de julio de 1932 elegí ir a Hollywood, se produjo el comienzo del fin de nuestro matrimonio”. Luego de esta decisión vinieron las películas Doble sacrificio, Gloria de un día, Mujercitas, Mística y rebelde y The Lake, un drama que hizo llorar a multitudes.
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