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Lic. Valeria Rubio Márquez
La presión sanguínea es la fuerza impulsora que permite a la sangre, rica en oxígeno y nutrientes, llegar a todos los órganos y tejidos del cuerpo para alimentar a las células que los forman.

Todo inicia desde que el corazón comienza a bombear la sangre mediante dos tipos de presión: sistólica (cuando se contrae - presión máxima) y diastólica (cuando se relaja -presión mínima). Se mide en milímetros de mercurio, considerándose normales los valores entre 105 y 130 para la presión máxima, y 60 y 80 para la mínima. Si la presión se encuentra por debajo de la necesaria (hipotensión), la sangre no podrá llegar de modo eficiente a todos los órganos, con lo que tampoco éstos podrán oxigenarse ni nutrirse adecuadamente. Se habla de hipotensión cuando los valores de la presión máxima descienden por debajo de los 100-105. En general, se manifiesta en personas que no presentan ninguna alteración aparente y sus síntomas son variados: cansancio, sueño, dolor de cabeza, mareo, palidez e incluso desmayos. La hipotensión no es una enfermedad, sino más bien una característica personal (como ser alta, baja, morena o rubia) que implica ciertas ventajas, como menores riesgos cardiovasculares conforme se va teniendo más edad. No obstante, si no se sabe controlar bien, puede disminuir la calidad de vida de una persona, sobre todo cuando los factores externos influyen para que se presente más seguido, como la presencia del calor, estrés, actividad física muy fuerte, dietas muy rigurosas o ayunos prolongados. Si te encuentras en este caso, las siguientes pautas te ayudarán a equilibrar la presión sanguínea y, con ello, recuperar el ánimo y la fuerza. Bebe mucha agua
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