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20. Noviembre 2008

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De ninfomanía y otras monerías

Dr. Juan Luis Alvarez Gayou

Sin duda alguna, quien sienta deseos de desacreditar a una mujer no dudará en calificarla de ninfómana, y bajo tal calificativo nos hará imaginar a un ser perverso, incontrolable, de mirada desorbitada y destinada fatalmente a ser transportada en el viaje final por "la carroza del diablo".

Sin embargo, ¿qué es realmente una ninfómana?
El término proviene del culto politeísta grecolatino en el que las diosas Ninfas eran divinidades de los ríos, de los bosques y de las montañas. Entre otras cosas se les consideraba especialmente aptas para los lances amorosos "ligeros". Etimológicamente la palabra significa sólo "joven mujer".

Es difícil encontrar el momento en que el término adquiere la connotación peyorativa agregándole lo de manía, pero existen algunos textos médicos del más alto nivel científico en los que ya encontramos esta denominación. Así, por ejemplo, en un libro francés titulado Higiene de los órganos genitourinarios del hombre y de la mujer, de 1878 y escrito por el Dr. Tartenton, encontramos una deliciosa descripción del tema que nos ocupa, y dice textualmente:

"Esta enfermedad nerviosa específica de la mujer también es llamada furor uterino; se caracteriza por una tendencia irresistible a los placeres del amor ... esta enfermedad se reconoce por los siguientes síntomas: imaginación ardiente, deseos violentos... el rostro puede ser pálido o rubicundo, no siempre expresa el estado de extremo ardor que atormenta a estas desgraciadas... no es raro que la muerte llegue para terminar estos horribles sufrimientos".

Resulta verdaderamente increíble pensar que un texto médico, supuestamente científico, tenga tanto parecido con un escrito que bien pudiera encontrarse en un libro religioso. Es claro que se considera "enfermo" que una mujer tenga tendencia a los "placeres del amor". Para el autor, una imaginación ardiente es síntoma de "enfermedad", al igual que los deseos ardientes. Sin duda, por el rostro podremos reconocer a una mujer "ninfómana" y nunca fallar, puesto que las pálidas lo son igual que las rubicundas, ¿quién se salva? Máxime si su rostro no siempre expresa el estado referido. En pocas palabras, el "diagnóstico" queda en manos de los deseos y el juicio muy personal del que lo hace.

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